Esta reflexión la escribí anoche y me quedé dormida sobre la computadora. Al final, no la publiqué. Al conocer los resultados del referéndum, comoquiera decidí publicarla porque no estaba nada lejos de lo que pensaba. Como siempre digo, esta es mi apreciación de esa realidad.
Cuando me siento a escribir esto, todavía no se sabe lo que ha pasado en el referéndum de Escocia. No sé cuál será el resultado. No sé si Escocia no se separará de Reino Unido o conseguirá su independencia. No sé y no lo veo claro. Lo que sí veo claro, y lo que encuentro fascinante, es el juego estratégico de la comunicación que se ha desatado en los pasados días; sobre todo en las últimas horas. Luego de ver, leer y buscar lo que se ha estado publicando, muy adentro me vengo repitiendo que no va a pasar nada, que se van a quedar igual, que el miedo paraliza.
Y que quede claro, estoy escribiendo esto a manera de reflexión porque, aunque los que me conocen saben lo que me gustaría que pasara en Escocia, los únicos que van a decir lo que será su futuro serán los escoceses; nadie más. Nosotros sólo podemos mirar el proceso, analizarlo, comentarlo y aprender de él. No da más.




