Por si las moscas...

Los comentarios vertidos en estos escritos son de mi total responsabilidad. Comparto lo que pienso y siento, simplemente para que se pueda apreciar otro punto de vista sobre la cosas. Pueden o no estar de acuerdo con lo que expongo; conmigo no hay ningún problema porque cada quien tiene el derecho a pensar lo que mejor entienda. Los comentarios son bienvenidos. Espero que si alguien difiere, lo haga con respeto; no escribiendo chabacanerías o insultando. Este no es el lugar para eso. ;-)
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miércoles, 17 de febrero de 2016

Tatuada la mancha de plátano


Siempre he ido por lo mío; por mi gente, por todo lo de mi país. Defiendo a capa y espada mi cultura, mi idioma, mi bandera; mis raíces. Eso es algo que traigo de ‘fábrica’ y con lo que moriré. Estoy muy orgullosa de ser puertorriqueña y reconozco quién hace lo propio. Y por eso soy una súper mega fanática de Lin-Manuel Miranda.

A mí me impresionó favorablemente desde que lo vi en ‘In the Heights’, en Broadway. Gracias a un amigo tuvimos la oportunidad de conocerlo. Genial en el escenario y luego súper humilde y aterrizado cuando nos saludó. Sabía que éramos de Puerto Rico. Nada de humos subidos, nada de aires de divo. De eso es que hablo. 

domingo, 4 de octubre de 2015

¿Será el agua o la combinación de sol, arena y mar?


Cada vez que veo a Chayanne, a Ricky Martin y a par de puertorriqueños más; siempre me pregunto, ¿será el agua o será la combinación de sol, arena y mar? ¡Es que tiene que ser algo de esto!; no le encuentro otra explicación a tanta concentración de bellezas tropicales en este ‘100 X 35’ (Je, je) 

Y cuando lo digo, no me refiero solo al ‘carapacho’; sino a que la belleza del puertorriqueño viene de adentro. Y es que una grandísima mayoría es buena gente, sensible, considerado y de buenos sentimientos; entre otras cosas. En resumen, es que somos de buena entraña. Y esto me sirve de plataforma para ‘hablar’ de Chayanne y de su concierto. 

Tengo que aclarar que soy medio fanática de Chayanne. Y cuando digo esto es porque me gustan algunas de sus canciones, que me las sé de tantos escucharlas en la radio, y porque he ido a varios de sus conciertos. Groupie, mi hermana. Ahí el cuento es otro.

domingo, 5 de octubre de 2014

El 'efecto bandera'

Esta entrada, que va a ser cortita, más que una crítica es una observación; algo que vengo rumiando desde hace tiempo. Los que me conocen saben que antes de decir o escribir algo es porque lo he reflexionado; bueno, no siempre. Jeje A veces se va sin filtro; pero siempre buscando construir, no destruir. Y la pongo por acá y no en el blog de protocolo porque tiene más pinta de sillita.

Y es que cada vez estoy más convencida de lo que yo llamo ‘el efecto bandera’.  Es la utilización de uno de nuestros símbolos nacionales como “pieza” de exacerbación. Y que se entienda que la acepción de la palabra exacerbar que estoy utilizando es la de "intensificar, extremar, exagerar"; nada que ver con irritar, causar enojo o agravar. ¿Estamos claros?

Y es que siempre veo, y esta es mi apreciación, que cuando se le tranca el bolo a cualquiera, cuando no están encontrando el efecto esperando, cuando otra cosa le falla, ahí sacan la bandera y todo cambia; es la salvación, es hacerlos creer, es lograr la empatía, es echarse al bolsillo a los demás... Sacar la bandera se ha convertido en el ‘en caso de emergencia, rompa el cristal’. ¡Y qué muchos cristales se han roto! Y no estoy diciendo que está particularmente relacionado a los ejemplos que estoy utilizando aquí; pero es algo que lo vemos todo el tiempo y en muchos campos.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Los puertorriqueños que se van y los que se quedan...

El hombre que en la montaña
—por la cruz de algún camino—
oye la voz del destino,
se aleja de su cabaña.
Y prosiguiendo su hazaña
se dirige al porvenir
una esperanza a seguir.
Mas no ha de volver la cara,
pues la vida es senda rara:
en la vida todo es ir.
(fragmento del poema "En la vida todo es ir" 
de Juan Antonio Corretjer)

Esta reflexión, que también es algo que he venido rumiando por algún tiempo, va como respuesta a un pedido de una amiga que vive fuera de Puerto Rico en reacción al  escrito “El complejo de ser puertorriqueño”. Quería escribir sobre esto, pero no lo había hecho porque estaba madurando la idea; pero creo que, como se han estado dando las cosas, es justo y pertinente hacerlo en este momento. Y lo siento, pero me salió largo. Mis disculpas.

Vuelvo y digo que este es mi particular punto de vista y cada quién puede estar de acuerdo o no con lo que escribo; esa es su prerrogativa. Y si no pensamos lo mismo, pues no pasa nada. Cada uno tiene sus ideas y puntos de vista y deben respetarse. No podemos ir por el mundo imponiendo las nuestras. Bastantes imposiciones nos han hecho y miren cómo nos va.

Antes de entrar en materia, quiero poner algo en perspectiva. Estuvimos por muchos años pensando que estábamos bien, boyantes, que no nos faltaba nada, que lo teníamos todo; que éramos tan buenos y estábamos tan bien que la gente quería venir a Puerto Rico a buscar un mejor porvenir. Éramos la envidia de los demás países latinoamericanos. Para nosotros tener emigrantes era lo lógico, lo normal; emigrar nosotros, ¡jamás!. ¿Por qué? ¡Si somos el ombligo del mundo! Pensábamos que éramos la panacea del Caribe. De tanto que nos lo dijeron y nosotros de repetirlo, nos lo creímos…

domingo, 31 de agosto de 2014

El "complejo" de ser puertorriqueño

¡Me encanta!
Comienzo aclarando que esto es una reflexión y mi punto de vista. Nadie tiene que estar de acuerdo con lo que escribo y tampoco está obligado a leerlo. Si alguien difiere está en su derecho porque como siempre digo; no hay verdades absolutas, sino apreciaciones de una realidad desde diferentes ángulos. Y esta apreciación, es muy mía.

Soy de las que le gustan los qué, los cuándo, los cómo y los por qué. Por eso desde hace tiempo vengo rumiando sobre nuestro bendito complejo. Pero tenemos la piel muy finita y no muchos tienen la capacidad de aceptar la opinión o el punto de vista de otro; sobre todo cuando lo expuesto van en contra de lo que se piensa. Por eso creo que la discusión, la constructiva y reflexiva, es necesaria. Cada quién llegará a sus propias conclusiones, que no tienen que ser las mías.