Soy poco impresionable, bastante
centradita y nada farandulera; bueno, hasta que aparece Miguel Bosé en escena.
Ahí, todo cambia. Así que desde ya advierto que esta mini trepadita está
totalmente viciada porque la escribo como la súper dúper mega fanática, casi
‘groupie’, que soy.
Los que me conocen saben que soy un caso
perdido. Soy su fan desde el año de las guácaras. Tengo más de 20 CD’s suyos;
incluidas ediciones para España y para ‘América’, ediciones especiales, de los
primeros años y de éxitos, hasta uno en italiano. Muchos los tuve primero en
‘cassettes’. También tengo varios DVD’s, hasta en PAL. Sip. A ese nivel.
El fanatismo es tanto, que una amiga me
invitó al ‘Screening del MTV Unplugged de Miguel Bosé’ y a Fine Arts fuimos a
parar. ¿Qué puedo decir? Que me lo disfruté al máximo, que las canté todas y
que salí feliz y contenta.
Y es que Bosé es Bosé. Tiene un no se
qué, qué se yo que cautiva. Y no puedo decir que sea ‘algo’, sino que es la
combinación completa; es todo. Es la letra, es la música, es la tremenda cabeza
que tiene, es su sensibilidad, es el espectáculo, es su dominio escénico, es el
eterno coqueteo y la ambivalencia, es el personaje y todos sus matices; en fin,
es Bosé.
Cuando anuncia gira, lo primero que busco
saber es cuándo viene a Puerto Rico. Y no es si nos va a incluir; ¡no!, porque
es que siempre nos incluye. Y ojalá siga siendo así porque a lo mejor su
fanaticada aquí es menor que en otros países, es obvio por nuestro tamaño, pero
de que es ‘hard core’ y bien entregá; lo es. Y ayer lo demostramos.

