Por si las moscas...

Los comentarios vertidos en estos escritos son de mi total responsabilidad. Comparto lo que pienso y siento, simplemente para que se pueda apreciar otro punto de vista sobre la cosas. Pueden o no estar de acuerdo con lo que expongo; conmigo no hay ningún problema porque cada quien tiene el derecho a pensar lo que mejor entienda. Los comentarios son bienvenidos. Espero que si alguien difiere, lo haga con respeto; no escribiendo chabacanerías o insultando. Este no es el lugar para eso. ;-)
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lunes, 12 de mayo de 2025

La espectacularización de lo banal

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 


En nuestro país ocurren cosas importantes que requieren nuestra atención. Sin embargo, y cada vez con más frecuencia, vemos figuras públicas, especialmente políticos, que utilizan sus redes sociales para compartir contenido simpático, anecdótico o banal, que termina acaparando desproporcionadamente la conversación pública. 


Y cuando me refiero a banal, porque siempre hay quien dispara sin conocer el concepto, es a algo trivial, común, insustancial, irrelevante, fútil, superficial o intrascendente. Vamos, algo que realmente no aporta a lo que tenemos que seguir con especial atención y que puede afectarnos como ciudadanos.

 

Deben tomar conciencia de los puestos, lo que éstos representan y lo que se espera de cada uno de los que los ocupan. No todo se puede publicar, ni todo tiene que proyectarse desde el entretenimiento o el espectáculo. Los medios sociales pueden ser los mejores aliados, pero también el talón de Aquiles de algunos. 

 

Y no se trata de criticar lo cotidiano ni lo humano. Todos valoramos los gestos de cercanía, el amor, las mascotas, una celebración. Pero lo que a mí me llama la atención es el uso estratégico de lo banal; así, lo trivial se presenta en forma de espectáculo para desviar la atención de los asuntos importantes.

 

Esto no es nuevo. Responde al hecho de que somos visuales y emocionales, por lo que lo complejo y urgente se deja a un lado. Lo superficial suele viralizarse con más facilidad. Y está bien que nos divirtamos, pero cuando se usa este tipo de contenido para eclipsar información de valor o urgente, nos encontramos con formas casi imperceptibles de manipulación y propaganda.  

 

Una de estas técnicas es la estrategia de distracción, identificada por Sylvain Timsit y atribuida a Noam Chomsky, que busca desviar la atención de temas complejos o problemáticos para enfocarla en asuntos triviales. 

 

A esto se suman principios como la saturación, que inunda el espacio informativo con datos irrelevantes; la repetición, que de tanto mencionarlas se toman como ciertas y la simplificación, que reduce problemas complejos a anécdotas o imágenes simpáticas.


Además, está la tendencia a la mediocridad, que busca promover la creencia de que el ser vulgar, inculto, incorrecto, etc., es adecuado y está de moda; como también así el apelar a la emoción más que a la reflexión.

 

Desde la perspectiva de la comunicación, que es de lo que estoy hablando, esto es una forma de controlar el discurso y fijar la agenda. La teoría de la ‘agenda setting’, desarrollada en los ’70 por Maxwell McCombs y Donald Shaw, plantea que aunque los medios no nos dicen qué pensar, sí lo hacen sobre lo que tenemos que pensar.

 

Hoy, con las redes sociales, las figuras públicas pueden influir directamente en esa agenda, generando contenido que los medios amplifican. Así, temas banales terminan dominando el espacio público mientras lo verdaderamente urgente queda en la sombra.


Además, esta espectacularización no solo dirige la atención, sino que construye imágenes. Se proyectan como cercanos, divertidos y/o casuales, pero rara vez vinculados a la rendición de cuentas, la solución de problemas o la toma de decisiones difíciles.

 

La espectacularización de lo banal no es algo fortuito. Es una estrategia de comunicación que combina lo emocional con lo simbólico y lo visual para mantener la atención en lo intrascendente. Y si bien todos necesitamos momentos ligeros, no podemos permitir que lo trivial desplace a lo esencial en el discurso público.

 

Entonces, ¿qué queda fuera de la conversación mientras hablamos de lo que publican en redes estas figuras públicas? Mucho. En una sociedad democrática -se supone- la información es poder y no deberíamos conformarnos con menos. 

 

La verdadera cercanía se construye con acciones, no con imágenes construidas. Porque, al final, la validación no va a estar en los likes, los comentarios, los compartidos o con las caritas, sino que el pase de factura se da en las urnas.

 

Bueno, así debería ser, porque como bien recoge Mario Vargas Llosa en su columna ‘La civilización del espectáculo’, publicada el 9 de junio de 2007, en el periódico La Nación de Argentina: 

Los íconos o modelos sociales –las figuras ejemplares– lo son, ahora, básicamente, por razones mediáticas, pues la apariencia ha reemplazado a la sustancia en la apreciación pública. No son las ideas, la conducta, las hazañas intelectuales y científicas, sociales o culturales, las que hacen que un individuo descuelle y gane el respeto y la admiración de sus contemporáneos y se convierta en un modelo para los jóvenes, sino las personas más aptas para ocupar las primeras planas de la información, así sea por los goles que mete, los millones que gasta en fiestas faraónicas o los escándalos que protagoniza. La información, en consecuencia, concede cada vez más espacio, tiempo, talento y entusiasmo a ese género de personajes y sucesos.



Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 


domingo, 9 de marzo de 2025

Tiempos de desinformación, 'fake news', posverdad, manipulación y propaganda


Nos arropan la desinformación, la propaganda, la posverdad, las noticias falsas y la manipulación. Estos términos los escuchamos continuamente, pero no sabemos realmente el impacto que tiene en nosotros, en nuestra sociedad y en el país.

 

Definámoslos, para estar claros. Desinformar es dar información intencionadamente manipulada al servicio de ciertos fines. Dar información insuficiente u omitirla (DLE).


Las noticias falsas son noticias producidas sabiendo que no son ciertas o que han sido sacadas de contexto para obtener algún beneficio propio o para perjudicar a otro.

 

Manipular es intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares. Sus sinónimos son adulterar, trucar, viciar, amañar y falsificar (DLE).

 

La posverdad es la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales (DLE).

 

La propaganda es la difusión o divulgación de información, ideas u opiniones de carácter político, religioso, comercial, etc., con la intención de que alguien actúe de una determinada manera, piense según unas ideas o adquiera un determinado producto (DLE).

 

Para muchos, utilizar todas estas cosas no es nada porque lo importante es llegar. Piensan que es mejor pedir perdón que pedir permiso y que el fin justifica los medios. Pero estas premisas son erradas por el efecto que tienen en los demás.

 

En Puerto Rico se vive un ‘reality show’ continuo, especialmente en la política. Por años, se han establecido estrategias de propaganda para impresionar a las huestes y lograr adeptos vendiéndoles sueños imposibles; aunque realmente mucho no tienen que hacer porque el fanatismo es lo que impera y nubla la razón. 

 

También tenemos un largo historial de candidatos que hacen cualquier cantidad de cosas para lograr el puesto que ambicionan. Crean una imagen ‘ideal’, aunque no sea real, porque es lo que las personas piensan que debe ser. ¿Después que llegan, qué? El cuento es otro.

 

Tenemos algunos que le faltan el respeto a los demás y a las posiciones que ocupan, sin importarle nada. Ya están allí, que era lo que querían lograr; así que entienden que pueden ser todo lo patán que quieran porque ya lo lograron, y a veces, más de una vez. 

 

Tarde o temprano dejan entrever sus ‘verdaderos colores’ porque la proyección y la realidad no encajan. Y es que no hay congruencia ni dan pie con bola. Aunque su maquinaria de propaganda trabaje a todo vapor, el no fanático -porque el fanático le creerá todo lo que le digan-, comienza a darse cuenta de la realidad. 

 

Y cuando se empiezan a prenderse las alarmas, se inventan cualquier cantidad de distracciones para que las personas dejen de pensar en lo verdaderamente importante. 

 

Buscan desviar la atención de la falta de acción, del exceso de gasto público, de promesas que sabían no cumplirían pero que las hicieron porque querían llegar, de excusas y de toallazos y contratos a familiares y amigos; entre otras cosas.

 

Entonces crean entretenimiento, bailan, se proyectan como súper héroes, exponen a la familia y las historias de amor, farandulean y mil cosas superfluas que sirven como cortinas de humo para que no se les exija que cumplan para lo que fueron electos, que es la sana administración del país. Al final, de eso es que se trata. 

 

Y esto sigue ocurriendo poque el pueblo tiene la memoria muy corta o se deja apabullar por la desinformación, las noticias falsas, la posverdad, la manipulación y la propaganda. De otra manera no lo hubiesen logrado y el cuento fuera otro. Es una fórmula que les había estado resultando, pero gracias a Dios, es cada vez menos.

 

Está en nuestras manos que el país tome el rumbo correcto, el de la transparencia, la claridad, la ética, la responsabilidad y el trabajo por el bien común y por un mejor país. A eso, debemos aspirar. 

 


jueves, 30 de mayo de 2019

¿Realmente es relaciones públicas?


 
Esta mañana estaba viendo la conferencia de prensa ofrecida por la Fiscalía Federal, el FBI y el Departamento de Justicia de Puerto Rico sobre los arrestos por empleados fantasmas en el Capitolio.

No voy a entrar en las acusaciones o los pormenores de lo que allí se discutió porque no es el objetivo de esta entrada. Sin embargo, hago esta trepadita porque algo me llamó la atención, y me preocupó.

Y es que la jefa de los fiscales mencionó que a principio de este cuatrienio una de las personas arrestadas incorporó una empresa para brindar asesoría política y administrativa, talleres, relaciones públicas y consultoría. Esa compañía obtuvo contratos con el Senado y la Cámara de Representantes.

Esto es lo que quiero discutir; la consultoría en relaciones públicas. El término ‘relaciones públicas’ se ha convertido en el hoyo negro que todo se lo traga, es el saco donde cabe todo y todo se justifica con ellas.

Tenemos mucha gente haciendo ‘relaciones públicas’ que realmente no tienen idea de lo que es. No lo estudiaron, no tienen experiencia y mucho menos están licenciados. Simplemente es el subterfugio porque suena ‘cool’ y ‘cae bien’ en todo lo que se ponga.

Muchos desconocen que en Puerto Rico hay que tener licencia. Pero no importa, como la mayoría de la gente no tiene idea de lo que realmente es; pasa. Simplemente lo usan como un término útil para justificar cualquier cosa que quieren hacer.

Pues resulta que las relaciones públicas no es cualquier cosa. “Es un proceso de comunicación estratégica que construye relaciones mutuamente beneficiosas entre las organizaciones y sus públicos”.

Es la planificación estratégica de la comunicación de una persona, una empresa o una institución. Su fin último es lograr el entendimiento con los diferentes públicos a los que sirve cumpliendo con una responsabilidad social y buscando siempre el bien común.

Se desarrolla un programa de comunicación a corto, mediano y largo plazo e incluye los diferentes públicos. Se planifica estratégicamente desarrollando objetivos, estrategias y tácticas que luego se implementan. Posteriormente se evalúa su efectividad.

Las relaciones públicas envuelve investigación. No es de ‘la manga production’, no es poner ‘cualquier cosa’ o que suene a eso.

Muchos llaman relaciones públicas a lo que hacen, que realmente es propaganda. Esta busca adelantar alguna agenda o creencia, ya sea religiosa o política. Se juega con las palabras y los conceptos y se disfrazan las cosas de manera que se acepte todo lo que se dice.

En la práctica de las relaciones públicas la ética es fundamental. Se trabaja con datos y hechos reales. Se trabaja con persuasión, no con manipulación. 

En este país, lamentablemente, cada vez más personas –que no tienen claro el concepto de lo que es relaciones públicas- utilizan más la manipulación y la propaganda que la persuasión.

Persuadir es dar todos los argumentos y elementos para que la persona, al hacer la evaluación de los mismos, concluya lo que usted presenta porque es la respuesta lógica a considerar.

Manipular es elimina algunos elementos, obviar información, cambiar o alterar cifras o datos, decir medias verdades y dirigir el pensamiento para que la gente piense lo que quieren que piense. Es dirigir la conclusión porque si se hubieran tenido todos los elementos, lo más seguro es que no optaría por eso.

La comunicación es una gran responsabilidad y no cualquiera puede trabajarla. El relacionista es la persona capacitada para ello. Y es que pensamos que comunicar es fácil y que todo se vale. Algo completamente errado.

He estado rumiando todo el día el rol del relacionista y las relaciones públicas en la sociedad. Esta situación de hoy me hizo reconocer la importancia de la licencia para ejercer la profesión. No todo el que dice ser relacionista lo es, tampoco el que dice hacer relaciones públicas las hace.

Dejemos de hacer de las relaciones públicas el ‘hoyo negro’ donde todo cabe y llamar relaciones públicas a lo que realmente no lo es. Quien las vaya a trabajar, debe estar realmente preparado para hacerlo. Es momento de empezar a darle valor al verdadero profesional de las relaciones públicas.



miércoles, 26 de julio de 2017

¿Relaciones públicas o propaganda?


Flat Black White Portable Megaphone | Designed by Vexels.com

Este es el país de la confusión y la desinformación; de ponerle el nombre que sea a cualquier cosa. Algunos dicen lo primero que se le ocurre sin saber de lo que hablan. Otro tanto repite como el papagayo sin verificar la información porque suena bonito, porque lo dijo tal o cual persona o, simplemente, porque sí. Una gran mayoría sustenta sus opiniones e ideas en premisas incorrectas o falsas.

Creo, y lo he dicho hasta la saciedad, que cada quién tiene derecho a pensar lo que quiera y apoyar lo que desee. No tengo problemas con eso; con lo que sí es con el juego de palabras y conceptos; con manipular. Porque si no se da la información correcta, si se disfraza, se tergiversa, si se dicen medias verdades y se omiten o se acomodan datos a conveniencia, es manipulación.

Las cosas hay que llamarlas por su nombre y decirlas tal cual son para que cada quién tenga claro su verdadero significado. Que tenga plena conciencia de lo que escoge y que sea por elección, no por coacción o engaño. Por eso la trepadita.

Y es que cada vez se está haciendo más evidente, el uso de la propaganda. Y lo quiero aclarar porque muchos, erradamente, la están confundiendo con relaciones públicas. Lamento informarles a los que creen que es lo mismo que están equivocados, que los tiros van por otro lado y que una de esas cosas no es como las otras. Así que a engancharle el milagrito al santo que le toca.

Y no estoy diciendo que una es mala y que la otra es buena; lo que quiero dejar claro es que son cosas diferentes y que no podemos confundirlas. Allá cada quién con la que prefiera; yo me quedo con las relaciones públicas.

viernes, 21 de noviembre de 2014

No se puede creer todo lo que se lee...



La lectura crítica de las cosas y de los medios es un tema que discuto en clase. Hago enfrentarse a los estudiantes con la realidad de cómo se maneja la información (El análisis corre por ellos). Hace tiempo quería escribir sobre este tema pero hoy recibí el ‘pie forzado’ para hacerlo. Así que esta trepadita no se podía posponer más.

Primero que todo quiero dejar claro que creo en las libertades; sobre todo en la libertad de expresión. Cada quién puede tener un punto de vista sobre algo y está en todo su derecho a compartirlo. Lo que no se puede perder de perspectiva es que las libertades conllevan deberes y responsabilidades y que todas deben ir agarraditas de la mano.

Y digo esto porque la información se puede manipular. Se puede usar para controlar, para manejar, para someter, para dominar.  Siempre he dicho que el poder lo tiene el que maneja la información. Por eso mi cantaleta -casi mantra- de que cualquiera no puede hacerlo y que la comunicación tiene que estar en manos de expertos; de personas éticas y preparadas. Así de importante es.

Y vuelvo al tema; tenemos una fe ciega en los medios de comunicación y nos creemos todo lo que dicen. Más ahora, con el ‘boom’ de Internet, los medios sociales y la proliferación de páginas, encontramos cualquier cantidad de cosas y creemos que todo es verdad. Nos tragamos como cierto todo lo que leemos, no importa quién lo dijo, ni cuándo, ni cómo. A veces pienso que somos demasiado inocentes; demasiado confiados; demasiado crédulos. 

Y no es que no busquemos información en Internet o no leamos lo que queramos; al contrario. Como siempre le digo a mis estudiantes, hay que leer de todo. Pero debemos leer sobre una misma cosa de distintas fuentes y de diferentes ángulos y perspectivas. A través del análisis es que llegaremos a nuestras propias conclusiones. 

Con lo que tenemos que tener cuidado, y lo que debemos tener claro, es que no toda la información es buena y nos sirve. Me explico. En la red hay gran cantidad de información, de todo, y hay espacio para ello. Pero tenemos que ser selectivos; debemos saber cuál usar y cuál no. Todo dependerá para qué queramos la información. Ejemplo de esto es Wikipedia. Bien para fines 'recreativos', pero para nada como fuente primaria de investigación. Bueno, podría servir para darnos algo de bibliografía; pero para nada más. En mi salón no hay 'wiki' que valga, porque vetada está.

Yo soy una que leo de casi todo y de todas partes del mundo. Muchas veces para informarme (casi todos los medios tienen páginas en inglés o en español), otras para entretenerme, otras para conocer; en fin, para explorar el mundo y todas sus posibilidades. Pero estoy bastante clara de cuál usar, cuándo y para qué. 

Y es que una de las cosas que recomiendo, y que hago, es tratar de conocerla antes de usarla. Exploro su página, sobre todo la información corporativa. Veo si pertenecen a algún grupo de comunicación y busco sobre ellos. Reviso los medios bajo esa sombrilla y me hago una idea de cuál es su línea editorial.

Pero eso no se queda ahí; también busco cualquier otra información en Internet. Si tienen páginas en medios sociales trato de visitarlas. Sólo para tener una idea de qué puedo esperar de ese medio. Así que dependiendo de esto le doy mucho o poco peso y valor a la información, lo visito constantemente o no, o simplemente lo uso para ver tendencias y poder tener otro ángulo o punto de vista. 

Porque esto de la neutralidad de los medios no existe. A lo mejor antes era menos claro, pero ya sabemos de qué pata cojea cada quién. Y, ¡ojo!; cada quién maneja su negocio de la información como quiere. Lo que estoy diciendo es que tenemos que tenerlo claro a la hora de leer sus notas para poder hacer nuestros juicios valorativos considerándolo y poniendo todo en su justa perspectiva. Muchos medios, y los puertorriqueños no se escapan, tienen muy definidas sus líneas editoriales. 

Los medios sociales le han dado otro matiz a esto del manejo de la información. La gente escribe cualquier cosa -como este escrito- por diferentes razones. Si la persona que lo lee no está clara de quién es la fuente, del tono en que lo escribe y por qué lo hace, se puede malinterpretar su propósito. Todo va a depender de cómo usemos la información y el valor que le demos a lo que leemos. 

Se escribe para educar, para compartir información, puntos de vista sobre algo y para desahogarse (como yo); entre mil cosas más. Tenemos cosas publicadas en diversidad de idiomas, desde las más conservadoras hasta las más liberales; de humor negro y satíricas, de fuentes fidedignas y de otras no tanto. Tenemos textos, caricaturas o ilustraciones; en fin, de todo. Están ahí y todas son válidas. Lo importante es conocerlas y diferenciarlas.

Lo más peligroso de todo, y por lo que me trepo, es que no se haga buen uso de los medios que tenemos; tanto tradicionales como sociales. Que por querer adelantar o justificar alguna causa, por buscar crear problemas o dificultades a alguien o con algo, manejemos la información de manera poco responsable.  Llegamos al meollo del asunto. Todo este preámbulo, que creí necesario, es para entrar en el tema. 

Y es que hoy vi, en un medio humorístico puertorriqueño, una nota sobre una situación que pasó con uno de sus escritos sobre un tema que estaba en la palestra. Su entrada se publicó en un medio digital, identificándola como lo que es, una nota humorística. Pues un grupo sacó la información y la colocó en su página en un medio social, pero tapando la aclaración y acusando al medio de persecución.

Lo más increíble y chocante para mí, y lo que veo más preocupante, es la cantidad de ‘likes’, ‘shares’ y comentarios que tiene la nota manipulada, algunos nada positivos. ¿Cómo es posible que reaccionemos a las cosas sin verificarlas? ¿Cómo es posible que ataquemos a otros sin tener todos los elementos de juicio? Ahí es que empiezo yo a cuestionarme muchas cosas. 

Y que quede claro que no estoy en contra o a favor de nada o de nadie. Ni estoy criticando grupo alguno porque cada quién hace lo que quiere y se asocia como quiere y con quien quiere; así está contemplado en nuestra Constitución. Lo que sí estoy señalando es que la información no se debe manipular, que no se debe tratar de llevar a la gente a pensar de una manera dada omitiendo, cambiando o dejando información fuera para recibir el apoyo y el respaldo. Por eso me trepo. 

La información se debe presentar tal cuál es. E indico aquí lo mismo que le digo a mis estudiantes. Que deben ver diferentes puntos de vista, ubicar las cosas en tiempo y espacio y hacer su análisis. Que tienen que pensar por ellos mismos, no por lo que les digan. Que pueden pensar lo que quieran, pero que deben respaldarlo con información. Esa es la única vía válida.

¿Cómo lograrlo? Primero, aprendiendo a diferenciar las cosas y leerlas en su contexto. Segundo, no dar como verdadero o fiable cualquier cosa que leemos, vemos o escuchamos. Y tercero, romper la 'filita india' y no hacer ciegamente lo que nos dicen que pensemos o hagamos. No debemos reaccionar a cualquier cosa sin haber buscando un poco más de información.

Tenemos que educarnos más, leer más, comparar más, analizar más y ser más críticos con las cosas porque sino, seguiremos creyendo todo lo que leemos. A la misma vez, esto es una muestra de lo delicado e importante que es el manejo de la comunicación y por lo que no todo el mundo puede hacerlo. Aquí lo dejo, para que lo rumiemos...



jueves, 6 de noviembre de 2014

Impresionables, manejables y manipulables…


Tomada de Internet, sólo para acompañar el texto.

Cada vez que escucho, veo o leo noticias en algunos medios o los comentarios de las personas sobre muchísimas cosas que están pasando en nuestro país, me sigo convenciendo que somos muy fáciles de impresionar, de manejar y de manipular. 

Soy de las que leo de todo, de extrema izquierda a extrema derecha y siempre trato de hacer un análisis y llegar a mi propia conclusión. No dejo que otros me digan lo que tengo que pensar o creer porque ya con el cuento de los indios y los vaqueros tuve suficiente. Pero no es sólo leer de todo, que debería ser así; sino que deberíamos hacer el ejercicio completo. 

Porque uno puede leer y seguir leyendo de cualquier cosa y de todo. Eso no es problema si conocemos las líneas editoriales, lo que impulsan y de qué pata cojea cada cual; entre varias cosas más. Solo así vamos a leer el ‘entrelíneas’, a matizar lo que se lee, a saber a qué darle más peso, qué se debe cuestionar, qué se tiene que corroborar y que se tiene que desechar. Nos sorprenderíamos de las cosas que se descubren.