Por si las moscas...

Los comentarios vertidos en estos escritos son de mi total responsabilidad. Comparto lo que pienso y siento, simplemente para que se pueda apreciar otro punto de vista sobre la cosas. Pueden o no estar de acuerdo con lo que expongo; conmigo no hay ningún problema porque cada quien tiene el derecho a pensar lo que mejor entienda. Los comentarios son bienvenidos. Espero que si alguien difiere, lo haga con respeto; no escribiendo chabacanerías o insultando. Este no es el lugar para eso. ;-)

domingo, 18 de febrero de 2018

Respaldar lo nuestro




Si algo tengo claro en mi vida, es apoyar lo nuestro, lo cercano, lo de los míos.  Soy de las que trato, en la medida que sea posible, de apoyar lo de aquí porque sé lo importante que es para el beneficio nuestro; para nosotros como país.

Para muchos -pura ignorancia- apoyar lo de aquí y decirlo es ser ‘nacionalista, independentista, socialista y comunista’, todo junto como si fueran de la mano; porque ni eso saben diferenciar. Es ser ‘enemiga’ de un país que no es el mío. Es estar en contra de lo que ‘se supone’ es lo mejor.

Nada de eso, lo que pasa es que para mí, el beneficio de Puerto Rico está sobre todo lo demás. Y no es que no visite tiendas por departamento extranjeras; porque tampoco soy tan obtusa, pero la prioridad siempre la han tenido los productos y las empresas puertorriqueñas.

Esto es así porque siempre he estado clara que el dinero invertido en productos y empresas puertorriqueñas, los agricultores y todo lo que tiene que ver con el país, se queda circulando aquí y mueve nuestra economía.

Cuando se anunciaba con bombos y platillos la construcción desmedida a diestra y siniestra de cadenas extranjeras, porque todo iba a ser en beneficio del cliente ‘a unos precios más económicos’, hablaba yo del ‘efecto de los veinte centavos’.

Clara estaba. Se hacía la compra en una gran cadena para ahorrarse 20 centavos en un producto, pero se le iba firmando la sentencia de muerte a las empresas y los productos puertorriqueños.

Al final, muchos de ellos después que nos sacaron el jugo, y cuando ya no le daban las ganancias esperadas o por diferentes situaciones, cierran las tiendas, se van y la abren en otro lugar donde puedan generar más. ¿Con qué nos quedamos? Sin negocios locales, con poco de aquí e importando cada vez más.

Y claro, cada quién vela por la mejor inversión de su dinero y por conseguir ahorros, pero creo que perdimos de perspectiva, o algunos nunca lo pensaron, el efecto de esto. Nos enfocamos el dinero que se economizaba pero no en el efecto dominó que esto traería.

Nos enfocamos en el ahora, en el momento, no en las repercusiones a mediano y largo plazo. Y claro, tampoco nos lo dicen. No nos han enseñado que apoyar lo nuestro es fortalecer nuestra economía porque, y aquí vamos otra vez con las ideologías mal entendidas, lo de afuera siempre es mejor, de más calidad y más barato.

Esta cantaleta la traigo desde hace mucho tiempo. Al punto que, la última vez que revisé el número y ahora no quiero ni mirar, se exportaba alrededor del 80% de lo que se consume. Así que, si lo miramos bien, los que mejor están son los distribuidores.

Encima, y aquí gran parte del problema, la mentalidad colonialista y el servilismo ha hecho que el aparato gubernamental le brinde  en bandeja de planta al de afuera, ‘para ofrecer empleos, echar adelante la economía o cualquier otro cuento de camino’, todas las ventajas y concesiones y al de aquí le ponen todas las trabas del mundo.

Por lo que observo, Puerto Rico es uno de los países que poco valor le da a lo suyo. Cada vez que leo “porque en el estado tal esto vale tal o cual precio”, “es de mejor calidad” y par de cosas más, pienso en el poco conocimiento del sistema colonial puertorriqueño.

¡Claro que todo va a ser más caro! Con sólo saber que estamos rodeados de agua y que tenemos que usar la marina mercante más cara del mundo, tenemos. Pareciera que no conociéramos las cosas más básicas. Y no conforme con esto, apoyamos y compramos lo que viene de afuera. 

Esta que escribe está consciente que de la única manera que este país va a salir adelante es apoyándonos unos a otros. ¿Cómo? Comprando los productos puertorriqueños, auspiciando los negocios y las cadenas puertorriqueñas y apoyando los proyectos locales.

Nos han dejado caer el paisito en cantos -esto lo vengo diciendo hace tiempo- para rematarlo al mejor postor. El gobierno, por años, ha sido deficiente en su función. Ahora, con la excusa del huracán, es más fácil vender o privatizar que buscar soluciones para salvar la nuestro. 

No hay creatividad. No hay visión. No hay estrategia ni plan de país. Claro queda cada vez que leo alguna nota periodística. Aterrada quedé con la nota periodística sobre la crisis de la industria cafetalera puertorriqueña. Y hasta ahí llegamos; porque eso es sagrado. Al final, les ha sido más fácil, importar café que meterle mano a la situación. 

La agricultura fue, por muchos años, parte fundamental de nuestra economía. Se producían lo mejor. Nos vendieron la industrialización, se abandonó la tierra y se establecieron las fábricas. ¿Qué ha pasado ahora? Están cerrando y se están yendo. Además de que en muchos renglones agrícolas no producimos ni para cubrir el consumo nuestro. ¿De qué estamos hablando entonces? Siempre para el beneficio del de afuera.

Creo que es momento de que nos pongamos las pilas y nos pongamos manos a la obra para que, no importa qué hagamos, empecemos a meterle el pecho para sacar adelante el país. Preparémonos, estudiemos, trabajemos y hagamos lo que tengamos que hacer . Yo, como siempre, apuesto y apostaré a lo mío y a los míos. ¿Quién más dice yo?


miércoles, 7 de febrero de 2018

La vela…



Quería pasar olímpicamente del tema de la vela pero, ¡qué va!; al final me ha resultado imposible hacerlo. Así que aquí estoy, trepándome en la sillita. Y es que el asunto requiere análisis y discusión, porque esto no es tan simple ni tan inocente como podría parecer.

Claro está que cada quién va a defenderlo o atacarlo desde su trinchera mirándolo a través de un crisol de colores. Lo justificarán o lo atacarán, dependiendo de su interés o ideología y acusarán “al otro” de que lo ha convertido en algo politiquero.

Lo que quieran; pero si la discusión se queda en este nivel y en la pelea chiquita, perdemos. No podemos despacharlo de esta manera tan simplista porque si lo miramos detenidamente y lo analizamos concienzudamente aquí hay mucho más.

Se puede decir mucho, sobre todo si lo miramos desde el punto de vista de la comunicación. Y en eso me quiero concentrar; en el análisis de lo que se comunica y se proyecta viéndolo desde el enfoque estratégico de relaciones públicas. Podrán estar o no de acuerdo conmigo, pero así lo veo.

Las acciones responden a algo y no surgen de la nada. Si uno quiere obtener una cosa, debe trazar un plan. Se define qué es lo que se desea lograr y en cuánto tiempo. Entonces se identifican las maneras de conseguirlo y se establece el cómo se va a lograr. Entonces se ejecuta.

Tengo que decir que el desarrollo estratégico de la comunicación requiere conocimiento, hacer investigación, ver todas las posibilidades y ángulos, analizar las tendencias y, sobre todo, tener puesto el oído en tierra. No es ‘de la manga production’.

Tampoco es inventárselas en el aire porque ‘sonaría bonito’, ‘estaría cool’, ‘es buena idea’, ‘le puedo sacar ventaja’ o ‘porque sí’. Las cosas deben evaluarse considerando todos los puntos de vista y posiciones porque no es lo que uno cree es, sino la realidad que se presenta. Hay que medir el posible efecto de lo que se hace. Mucho más cuando se trata de instituciones públicas.

Hay dos cosas que un comunicador debe tener claro. Una es lo que entiende que hay que comunicar y cómo, y otra muy distinta lo que se puede percibir o recibir. En ocasiones el resultado no va de la mano de la intención. Esto, mayormente sucede cuando no se ha evaluado el posible efecto del mismo.

Si el envío de la vela se pensó como una estrategia de relaciones públicas, estuvo desenfocada y desacertada. Pudo haber sido una buena idea, pero muy mal ejecutada. Alguien enfocado en la comunicación no hubiese dejado escapar tanto detalle que se debió considerar porque hubiese mirado el bosque y no enfocarse en el árbol.

¿O se pensó como una herramienta de propaganda y se esperaba el efecto que tuvo?. Porque otra posibilidad pudo haber sido, y especulo, desviar la atención de alguna situación complicada o difícil que se esté discutiendo en la opinión pública. Porque, señores, esa estrategia también se utiliza.

Pero tomémoslo por partes. Es un ‘regalo de Navidad’ de ‘La Fortaleza’. En una nota periodística el gobernador Ricardo Rosselló defendía el envío, a través de la Oficina de la Primera Dama, e indicaba que se estaba usando para politiquear. Comentaba el gobernador que se había enviado a alcaldes y funcionarios. ¿A cuáles?

En una nota periodística se indicaba que del medio se habían comunicado con una decena de municipios, tanto del partido en el poder como del contrario, y ninguno había recibido el regalo. Entonces, ¿cuál fue el criterio de envío?. Sería bueno saberlo. Esto nos daría una idea mucho más clara de la estrategia utilizada, si alguna.

Analicemos el caso. Según indicó el alcalde de Yabucoa en otra nota periodística el ‘detallito’, como lo llamó, se entregó hace una semana. Esto significa que lo recibió a finales de enero o principio de febrero. ¿No sería esto muy tarde para enviar ‘un regalo de Navidad’? Esto también comunica otras cosas.

Entonces el secretario de Asuntos Públicos y Política Pública, Ramón Rosario, indica que se hizo “como una medida y propuesta para incentivar la artesanía en Puerto Rico sin ningún motivo político”. 

Interesante por demás que el nombre de la marca sea ‘Coco (o Cocó) Candles’. Él indica, además, que el alcalde le diga a esa artesana que su obra no tiene valor. No me parece que el trabajo de la artesana esté en discusión.

Ahora la primera dama envía una comunicación indicando que se ‘malinterpretó’ el envío del regalo y enfatiza el trabajo artesanal. Menciona “las muchas horas de intensa labor con el propósito de unión y esperanza” y que la intención fue una sola, ‘de unión y esperanza’ como se indicaba en el mensaje incluido con el detalle.

Lo que pasa es que la justificación no va con lo que se denunció. Lo ocurrido nada tiene que ver con el trabajo artesanal. De lo que se trata es de la razón del envío, que indica que fue tardío, y lo que se comunica y proyecta esa acción.

Hay que tener mucho cuidado con lo que se hace porque se podría prestar a malas interpretaciones. Las cosas hay que evaluarlas concienzudamente porque, como dicen por ahí, “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”. Es indispensable prever y medir bien el efecto de lo que se hace; mucho más por el tipo de regalo y el momento histórico que vivimos.

Lo menciono porque la comunicación no tiene que ver sólo con lo que se escribe o se dice, sino también con los símbolos, con las intenciones, el mensaje entrelíneas y mucho más. Todo lo que se hace comunica y proyecta. El ser humano se comunica a través de los símbolos y mucho de lo que hace es de carácter simbólico.

¿Cómo se pudo recibir el envío de la vela? Como una demostración de insensibilidad. Recién es que muchas personas están teniendo nuevamente el servicio eléctrico. ¿Cómo se le envía una vela a un alcalde donde casi la totalidad de su municipio lleva más de 140 días sin energía eléctrica? Esto es falta de tacto y consideración.

¿Cómo lo puede recibir un alcalde donde, según él indicara en una nota periodística, el gobierno central no ha atendido sus reclamos pero el excandidato a alcalde, del partido en el poder, va junto a la directora regional del Departamento de la Familia a repartir estufas? ¿De qué estamos hablando?

¿Por qué algunos municipios han recibido el apoyo y otros no? Se ve claro con sólo leer la prensa y conocer los reclamos de los diferentes municipios que lo tienen difícil; ¡ah!, y al partido al que pertenecen. Estas cosas; no deben pasar. Los matices y las intenciones están y son fáciles de identificar.  

Y es que aquí mucho se utilizan los símbolos y elementos para hacer propaganda; pero este pasado año se ha utilizado muchísimo más. El uso de colores, nombres y el idioma; entre otras cosas, es la orden del día. También acciones que favorecen a los partidarios o municipios que son afines. Entonces, podría llevar a la mala interpretación de las cosas.

Tenemos que madurar políticamente y mucho nos falta. El discurso es uno y la acción va por otro lado. Se supone que una vez se termina la campaña política y se realizan las elecciones; se deja de ser político para ser funcionario público. En Puerto Rico, lamentablemente, se sigue siendo político todo el cuatrienio.

El cuadro se agudiza porque el fanatismo, el adoctrinamiento y la ignorancia hace que muchos se acuartelen en trincheras ideológicas sin mirar más allá. Tenemos que evaluar las cosas en sus méritos y sin apasionamientos.

Comunicar no es cualquier cosa y hay que saber cómo tratarla. Hacerlo efectivamente requiere conocimiento, investigación, análisis y el desarrollo de estrategias que sean favorables para el cliente y que también se enfoquen en el bien común.

Sólo así podremos desarrollar una comunicación clara, con sentido y efectiva y no tener que estar apagando fuegos o justificando todas las cosas que se hacen. Esto evitaría en gran medida que, cosas tan sencillas como el regalo de una vela aromática, resulte en casi una crisis nacional.  


domingo, 4 de febrero de 2018

Muy necesario el análisis crítico



Llevo un buen tiempo sin decir mucho, sólo observando, escuchando y leyendo; tomando el pulso de lo que se discute en la palestra, en las redes sociales y en la calle. Me he dedicado a mirar cómo se está desarrollando el discurso y cómo se reacciona a él.

Me doy cuenta que en la discusión en Puerto Rico algo muy importante está faltando, y es el análisis crítico. Se está haciendo cada vez más una costumbre el disparar de la vaqueta sin ton ni son. No se escucha y simplemente se reacciona; ya sea desde la emoción, las tribus de colores o los prejuicios, entre otras.

Se ha adquirido la mala costumbre de repetir como el papagayo; así sean disparates. No se escuchan argumentos, no se cuestionan las cosas ni se corroboran, no se va más allá, tampoco se profundiza en los que se dice o se hace. Muy preocupante.

A veces resulta fuerte y complicado leer comentarios en las redes. Es increíble leer cosas que realmente están erradas, que son medias verdades o repeticiones de algo que alguien dijo. Es lamentable ver que, aunque errados, argumentan con una seguridad pasmosa y hasta de manera muy despectiva.

Simplemente la nueva modalidad es atacar, insultar, dañar denigrar y manchar personas; no discutir los asuntos. Mucho “qué bruto”, “idiota” y hasta cosas peores hay que leer. Demasiados ‘troll’. Muchos toman como una cruzada personal el denigrar a los demás. Piensan que así derrotan el argumento. Nada más lejos de la verdad.

Soy de las que cree que hay que alzar la voz y hacer crítica, pero de la constructiva, la que arroje luz, la que ayude a aclarar puntos o a traer posiciones diferentes a la mesa para evaluarlas. No creo en criticar por criticar, porque no es decir cualquier cosa.

Soy de las que cree que la crítica no debe hacerse desde la emoción; sino desde la razón. Es necesario mirar las cosas con cuidado, de frente, y analizarlas sin apasionamientos. 

Se deben discutir -en el buen sentido de la palabra- argumentos, situaciones, opiniones, puntos de vista. Las cosas hay que mirarlas desde afuera, con cabeza fría.

Soy de las que cree que no se debe atacar a los demás. No creo en buscar denigrar, ofender o insultar, faltarle o tratar de ridiculizar a la persona que opina, trae la idea o el argumento. 

A veces, como no se tienen argumentos válidos, se va al ataque personal y eso es lo que estoy viendo que se está destilando más en estos días.

Si queremos tener discusiones serias y fructíferas debemos romper con estos patrones que nos han impuesto y que creemos son los correctos. Debemos dejar de reaccionar desde la emoción y empezar a ser analíticos con la información, a ver todas las posibilidades antes de emitir un juicio. Nos falta investigar, comparar, evaluar, analizar y concluir.

Las situaciones tienen más de un ángulo. Uno no puede quedarse con un sólo punto de vista, aunque sea el suyo. Hay que tratar de ver la situación desde diferentes perspectivas; a lo mejor se da cuenta de algo que no había contemplado. Si sólo se hace desde el suyo, se quedará toda la vida con una visión que, posiblemente es la errada.

Hay que verificar la información y las fuentes. No todo lo que se publica, especialmente en las redes, es como aparenta. Sólo así sabrá si lo que se publica es cierto o si está matizado. Hay muchísimas noticias falsas o acomodadas a conveniencia y no puede caer como el ‘pescaíto’ por cualquier cosa que lee.

También los medios tienen líneas editoriales y muchas personas que comparten en las redes tienen sus posiciones. Conociendo esto, usted estará claro el por qué la información se trata de cierta manera. Esto le dará una perspectiva más clara de la situación y podrá ver mejor el cuadro completo.

Tampoco todas las fuentes son confiables. Muchas tienen sus agendas específicas. El conocer esto le ayudará a filtrar mejor la información. Así sabrá lo que hay detrás de esa publicación. En ocasiones, en vez de información es propaganda y podría haber más de la segunda que de la primera. Si usted no está familiarizado con esto, puede confundirse.

Debe leer de todo, lo que va de acuerdo a su interés o ideología y lo que no. Sólo así podrá ver otras posibilidades. Esto podría resultar en modificaciones o cambios de opiniones -que no es nada malo-, entender mejor el problema o situación y hasta confirmar lo que cree. ¿Por qué el miedo a evaluar otra información?

Cuando son temas complicados o difíciles, busque el punto de vista de un especialista. Por ejemplo, en cuestiones económicas, que son las que nos ocupan estos días, busque, lea y analice el punto de vista de varios economistas, no sólo de uno. No se quede con lo que dicen los políticos o los comentaristas porque suele ser propaganda.

Rompamos con ese patrón que nos han impuesto y que nos está limitando, acorralando y dejándonos sin poder evaluar las cosas de manera crítica. 

El no saber ni emitir una opinión ponderada, analizada, evaluada y desde todos los puntos de vista nos ha llevado a tomar decisiones que necesariamente no han sido las mejores.

Y para muestra, un botón. Sólo miremos nuestra realidad y nos daremos cuenta que debemos cambiar el paradigma de cómo le hacemos el acercamiento a las cosas. 

Como ya mencioné, si queremos tener discusiones serias y fructíferas eso es lo que debemos hacer. Yo, no pierdo la esperanza de que empecemos a hacerlo.

domingo, 21 de enero de 2018

Aunar esfuerzos


Los momentos que vivimos son complicados y decisivos para nuestro país. Son tiempos que requieren que nos detengamos a mirar de manera crítica nuestra realidad. De aunar fuerzas e invertir todo nuestro esfuerzo y dedicación en sacar a Puerto Rico adelante. Para lograrlo, necesitamos hacer un análisis profundo y cavilar seriamente sobre nuestro futuro.

Últimamente he estado algo ‘afuera’ de la discusión o he tratado de irme livianita. No creo que valga la pena desgastarme. Y no es que no tenga qué decir, sino que cuando se comenta con el objetivo de cuestionar, poner a pensar o generar un debate de ideas; simplemente se dispara sin tan siquiera leer o escuchar lo que se dice.

Veo como problemas básicos, naturalmente hay muchos más, la falta de educación y la politiquería. Éstas, están seriamente ligadas. Y lo digo porque el politiquero simplemente es otra herramienta de ataque. No conoce, no busca, no analiza y simplemente hace o repite como el papagayo lo que le dicen ‘sus líderes’. Parecen escuadrones de la muerte.

Otra cosa es que se dispara desde la vaqueta en cualquier tema que esté en la palestra, se sepa de eso o no. Se tratan, no en sus méritos, sino desde el punto de vista de los colorines y de las tribus. A veces es hasta risible que cualquier cosa, hasta el aleteo de una mariposa, se cuestiona desde el punto de vista ideológico.

Todo mundo tiene su opinión y en una democracia eso es muy válido. El problema es que muchas de esas opiniones están viciadas, cargadas o erradas. Y lo más triste es que se utilizan para insultar, denigrar, menospreciar y atacar a otros; no para aportar a la discusión seria. Últimamente mucho he leído de eso.

También, vemos a muchos que son expertos en todo. Yo, si no sé de algo busco sobre ello, reviso más de una fuente, trato de ubicar la situación en tiempo y espacio, aquilato la fuente y comparo información. No me tiro a lo loco a decir lo que sea. Las cosas hay que rumiarlas.

Que conste, que ni soy ni me creo la más inteligente, lista o cosa parecida; pero no hay cosas más frustrante que leer una y otra vez las mismas frases, los mismos conceptos o ideas, muchísimas de ellas erradas, viciadas, cargadas o falsas. Además, de que tanto la sociedad como el entorno digital se ha convertido en un campo de batalla.

Debemos dejar las peleas chiquitas. No hay que enfrascarse en escudriñar el árbol, sino que debemos mirar el bosque. Nos diluimos con ataques personales pero no evaluamos las situaciones. Este país necesita que maduremos. Por la inmadurez que hemos demostrado durante el tiempo es que estamos viviendo una de nuestras situaciones más difíciles. Lo peor, que muchos todavía ni se enteran lo que pasa ni por qué.

Estamos en un momento histórico que requiere de mucha cavilación. Nosotros, como la sociedad civil, debemos tomar la iniciativa y empezar a delinear un verdadero plan de futuro, un proyecto de país. No podemos quedarnos escuchando los cantos de sirena de los políticos, ni las promesas o las palabras huecas que sólo se dicen para las gradas y avivar las huestes.

Y es que se dicen y se hacen muchas cosas aún sabiendo que son imposibles; que no son factibles. Pero como la gente no sabe ni tiene idea de que es así, se lo cree. Total, que muchos tienen memoria corta y no va a abundar en ello. Este patrón se ha hecho por años. Así que vamos aceptando cualquier cosa y no estamos acostumbrando a la mediocridad. Lamentable por demás pero es nuestra realidad.

A cuatro meses del paso de dos huracanes, este país está manga por hombro y esto no es un comentario político. Hay que aceptar que vivimos algo que nunca imaginábamos y que nos golpeó muy fuerte pero no hablo de eso; de lo que hablo es de la respuesta, del después, de lo que se ha hecho en este tiempo.

Casi la mitad del país sigue sin energía eléctrica, no hay semáforos, la criminalidad está aumentado; entre muchas cosas más. Aún hay muchísimas preguntas sin contestación. Pero, ¿se justifica lo que estamos pasando y viviendo?

Siempre lo he dicho; tenemos que dejar a un lado la politiquería, las nimiedades, las incongruencias y mil cosas más para ponernos a pensar, de una manera clara y objetiva qué queremos hacer con nuestro país y enfilarnos a eso. Y estoy hablando de poner a funcionar el país, no al juego ideológico porque esa no es la prioridad. Ya esto tocará.

Creo que es importante que nosotros, la sociedad civil, tomemos control. Cada uno puede hacerlo desde su realidad particular. Y esto aplica a los puertorriqueños que están fuera pero que están bien comprometidos con el bienestar del país. Y esos, son la grandísima mayoría. Gracias a ellos es que en gran medida hemos sobrevivido.

Es momento de dejar las peleas chiquitas, de jugar a la política, de defender lo indefendible o atacar por atacar. Debemos concentrarnos en lo que cada uno pueda aportar a esta sociedad. Enfoquémonos en lo verdaderamente importante. Hay que aunar esfuerzos. Tenemos que hacerlo ahora; no podemos dejarlo para después. Por nuestra patria, es justo y necesario.


viernes, 5 de enero de 2018

Cinco años trepada en la sillita



Hace poco, cuando me di cuenta que  “Trepada en la sillita” cumplía cinco años, lo primero que hice fue reconocer que el tiempo pasa volando. Después comencé a pensar cómo desarrollaría esta entrada.

Confieso que pensé muchas cosas pero como faltaban varios días, lo fui dejando. Después de darle muchas vueltas a la noria, casi se me acaba el día y entonces, sin pensarlo mucho, me siento a redactar esta entrada.

Todo comenzó hace cinco años en la víspera de Reyes. Luego de estar varios meses acariciando la idea de hacer el blog terminé, gracias a la complicidad y la dirección de Joseph Martínez, embarcándome en esta aventura que para nada me arrepiento de haberla emprendido.

Los que me conocen saben que desde antes le tomaba la sillita ‘prestada’ a Mafalda para opinar sobre diferentes cosas o situaciones. Siempre buscaba dar una opinión, a veces un poco ‘ortodoxa’, pero ofreciendo puntos de vista diferentes que nos hicieran pensar. Eran cosas que discutía con los amigos, en las clases y con familiares. Yo siempre, opinando.

La sillita ha sido un espacio para el desahogo donde escribo de lo quiero y cuando quiero. Y he sido fiel a eso. Eso sí, no soy consecuente en cuanto al tiempo de publicación. A veces pasan varias semanas sin publicar nada. Veremos cómo se desarrolla de ahora en adelante.

Confieso que el ‘invento’ ha estado interesante. Cuando lo comencé, me dije que si cada entrada tenía 25 lecturas, me daba por bien servida. Pues resulta que todas las he sobrepasado; algunas por poco más y otras por muchísimo.

Y no tenía -ni tengo- grandes pretensiones con el blog, ni aspiraba a más porque para mí es un espacio desarrollado para compartir mis puntos de vista. Pero me alegra mucho confirmar que se lee.

Pues en estos cinco años he publicado 200 entradas; muchísimas -casi todas-, bastante extensas. Sé que las tengo que hacer más cortas, pero a veces tengo mucho que decir.

‘Hablo’ de lo que me gusta. Mucho hay de comunicación y relaciones públicas, de mis series asiáticas, de producciones de otras partes del mundo, de temas generales, de política, de la patria y de mil cosas más.

Iba a hacer un análisis estadístico y esas cosas pero, al final, eso no es lo más importante. Para mí, lo más significativo es que tengo un espacio dónde decir lo que pienso pero, sobre todo, que ustedes leen las trepaditas que hago. Eso, para mí, es lo mejor de todo este embeleco.

Sólo me resta agradecerles el que me estén acompañando en esta aventura. Y yo seguiré, mientras la vida me lo permita, pidiéndole la sillita prestada a Mafalda para treparme en ella y decir lo que haga falta decir. Otra vez, gracias. Muchas bendiciones.