Por si las moscas...

Los comentarios vertidos en estos escritos son de mi total responsabilidad. Comparto lo que pienso y siento, simplemente para que se pueda apreciar otro punto de vista sobre la cosas. Pueden o no estar de acuerdo con lo que expongo; conmigo no hay ningún problema porque cada quien tiene el derecho a pensar lo que mejor entienda. Los comentarios son bienvenidos. Espero que si alguien difiere, lo haga con respeto; no escribiendo chabacanerías o insultando. Este no es el lugar para eso. ;-)
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viernes, 1 de noviembre de 2024

Necesitamos un cambio


Aunque estoy segurísima de quién es la mejor opción para dirigir los destinos de nuestro país, todavía no está claro quién ganará las elecciones en Puerto Rico. Y es que todos sabemos que los conejos saltan de los sombreros. Sea cual sea el resultado, de algo estoy segura y es que este país necesita un cambio. 

 

Y cuando me refiero al cambio, es a uno de mentalidad. Aquí los políticos deben entender que ellos se deben al pueblo, no a los partidos y que una vez finaliza el proceso electoral, son funcionarios públicos y su responsabilidad es, en vez de velar finquitas, trabajar por todos los ciudadanos.

 

Gracias a Dios no tengo memoria corta, como la mayoría en este país, y me acuerdo de muchas cosas que han pasado. He visto cómo a través del tiempo, en vez de dedicarse a trabajar en colaboración con otros se dedican a meterle el pie, a aguantar los proyectos de otros y hasta paralizar el país con fines partidistas. Y no me lo estoy inventando. Hay que visitar la historia.  

 

Cada vez que escucho el cuento de que hay que votar íntegro porque los gobiernos compartidos no funcionan, me doy cuenta de que no tienen madurez política y del poco compromiso que tienen con quiénes los eligieron. “Es que así no se puede gobernar”, dicen; como si fuéramos tontos. 

 

Esos que piensan más en sus colectividades que en el pueblo, son los que no saben gobernar y faltan al compromiso que contrajeron al ganar las elecciones. Lo más patético es que muchos se ‘jactaban’ de sus ‘hazañas’; que no era otra cosa que meterle el pie u obstaculizar al otro para no aprobar las cosas. ¿Ese es el compromiso de un servidor público? No creo.

 

En estas elecciones hay una posibilidad real de que haya una gran ‘mezcolanza’ de candidatos de los diferentes partidos. Ahora bien, y aquí mi gran preocupación e interrogante. Los ganadores, ¿serán lo suficientemente maduros y estarán a la altura del puesto para el que fueron electos?   

 

¿Se dedicarán a trabajar o a obstaculizar? ¿Buscarán meterle el pie a los otros para hacer ver que el consenso no es posible? ¿Faltarán al compromiso que contrajeron con los electores? ¿Seguirán trabajando pa’ terceros y no para el pueblo? 

 

Sólo espero que elijamos personas que antepongan los intereses del pueblo a sus intereses, los de su partido y los de terceros. Esto, es posible si tienen voluntad y si están claros de a quién es que deben su lealtad. 

 

Al final, ellos son nuestros empleados y como tal, nos deben respetar. Es el pueblo quién los elige, es el pueblo con quien contraen ese compromiso y es al pueblo al que le fallarán. Anoten el dato. 

miércoles, 22 de julio de 2020

¿Privatizar iba a ser mejor?



Para justificar el privatizar los servicios del gobierno, se dijo que sería mejor. Que iban a ser más ágiles, habría mejores recursos, serían más eficientes, el servicio mejoraría y resultaría beneficioso para la ciudadanía. Hubo quién se creyó el cuento; yo, no.

¿Y por qué digo esto? Porque yo estaba clara que el privatizar un servicio no era garantía de que fuera a ser mejor. El problema no estaba en que fuera público o privado, sino en cómo se manejaba, cómo se supervisaba y los recursos que tenían, entre varias cosas más. 

Tan pronto empecé a escuchar el cuento, pensé en las técnicas de manipulación atribuidas a Chomsky, pero que su verdadero autor es el escritor francés Sylvain Timsit. Pensé en dos de ellas, ‘crear problemas y ofrecer soluciones’ (problema-reacción-solución) y la de ‘gradualidad’. 

En la estrategia de crear problemas y ofrecer soluciones se tiene la idea de cambiar algo, pero como la gente protestaría o no lo aceptaría, se desatiende, no se le dan los recursos, se deja que se deteriore, etc. Esto, para crear un problema y que sea la misma gente la que pida que la situación cambie. 

Así, lo que se quiso hacer desde un principio, se logra sin que se haya tenido que imponer o presionar para hacerlo. Y justifican la medida tomada porque lo pidieron las personas, aunque hacerlo siempre fue la idea desde el inicio.

En la estrategia de gradualidad, muy de la mano de la anterior, se va haciendo poco a poco porque hacerlo de una vez podría tener la oposición del pueblo. Así que primero se recortan fondos, no se actualiza el sistema, se eliminan puestos de trabajo y luego se congelan plazas, entre otras cosas, de manera que el deterioro sea gradual. 

Al final, se busca que el pueblo acepte sin problemas las ‘nuevas soluciones’ para mejorar los servicios y que se pueda hacer los que se buscó desde un principio. ¿Aplican o no a la situación de la privatización?

Y que conste, no estoy diciendo que todas las privatizaciones han resultado mal porque algunas han mejorado el servicio; sino que otras no están siendo bien manejadas y seguimos igual o peor. Pareciera que se hicieron para beneficiar a terceros y no para ofrecer un mejor servicio al pueblo. 

Ahora, tenemos muchísimos servicios privatizados. ¿Esto ha garantizado su buen funcionamiento o servicio? En algunos casos, sí. En otros los costos de los servicios han aumentado, la promesa de nuevo equipo o actualizaciones no se percibe, se da prioridad a otras actividades y hasta problemas técnicos o tecnológicos aparecen; entre otros más.

Pienso en lo peajes, las lanchas, el agua, la telefonía y las diferentes situaciones en el Departamento del Trabajo, entre otros.

Muchísimas dependencias del gobierno central y municipales y corporaciones públicas están privatizadas. Y podríamos sorprendernos si vamos al registro de privatización en la Oficina del Contralor (https://www.ocpr.gov.pr/registros/registro-de-privatizacion/).

Y ahora, el sistema eléctrico. Muchísimo tiempo estuvieron diciendo los trabajadores que había falta de mantenimiento, que no se actualizaba el sistema y muchas cosas más. Ahora, pasa a manos privadas con la promesa de que va a ser diferente. ¿Realmente lo será? Veremos.

Ahora bien, y aquí mi punto, no porque un servicio se privatice va a ser mejor. Lo que hizo falta en su momento, y lo que siempre seguirá haciendo falta, es voluntad y compromiso con el país y su gente. Es ‘meterle mano al asunto’ no privatizarlo para salir del problema.

¿Por qué los servicios públicos funcionan en muchos países? Porque se trabaja para ello. Porque los gobiernos entienden cuál es función y la acatan. Porque buscan mejorarlos y que respondan a las necesidades de las personas, no salir de ellas.

Si se hubiesen administrado efectivamente, se hubiese actualizado el sistema a tiempo y se le hubiese dado el mantenimiento requerido, si se hubiese adiestrado al personal, se le hubiese capacitado en diferentes aspectos, tanto en supervisión como en el servicio al cliente; el cuento hubiese sido otro.  

Lo que quiero con esta trepadita es que reflexionemos sobre cómo se hacen las cosas y para qué. Que tengamos claro que porque algo se privatice no va a ser mejor. Que el gobierno puede ofrecer excelentes servicios y que no tiene que privatizarlo todo. 

Esto dependerá del nivel de compromiso y la voluntad que se tenga para afrontar las situaciones y resolverlas y, más que todo, del amor que se le tenga a la patria.


La ilustración fue tomada de Internet sólo para acompañar el escrito. 

miércoles, 13 de febrero de 2019

Los gobernantes y la gracia divina


La coronación de Napoleón de Jacques Louis David

En mis clases siempre incluyo elementos históricos relacionados a la materia que se esté estudiando. Creo que es importante que conozcamos cómo fue la evolución de lo que conocemos hoy. Es una manera de analizar la manera en que se actuó ante ciertas situaciones.

Los vestigios de lo conocemos hoy como protocolo se remontan a las primeras civilizaciones. Uno de los temas que discutimos, no tanto como quisiera porque no es una clase de historia, es cómo a través del tiempo se estableció y se jerarquizó el poder.

Resulta la mar de interesante ver que desde las antiguas civilizaciones, tanto de este lado del charco como del otro y en distintas épocas, se ‘amarraban’ los gobernantes a cuestiones divinas.

Si se hace un análisis histórico, que no es la razón de esta entrada, se podría apreciar que en casi todas se utilizó el mismo concepto. Los asirios, los egipcios, los chinos, los japoneses, los coreanos, los romanos, los mayas y los incas, son sólo algunos ejemplos de esto.

Su relación con la divinidad podía ser variada. Algunos atribuían que eran descendientes de los dioses, otros que los dioses les habían conferido el poder para gobernar, aplicar la ley y la justicia y otros, como en el caso de los faraones y luego los césares, ellos eran la divinidad. Así se hacían del poder y lo perpetuaban.

Muchísimas dinastías, que según el DLE es una “familia en cuyos individuos se perpetúa el poder o la influencia política, económica, cultural, etc”, fueron quedándose en el tiempo. Las que quedan han ido modificando o ajustando su rol dentro de la sociedad de acuerdo a la realidad actual.

Cuando muchas de estas se abolieron, sobre todo en el siglo pasado, gran cantidad de países pasaron a ser, en su mayoría, repúblicas democráticas donde el poder político es ejercido por los ciudadanos. Los dirigentes o gobernantes son electos por el pueblo y se respeta el principio de ley y orden. Hasta ahí, vamos bien.

Toda esta perorata es porque recién leí que un alcalde anunció que su hijo lo sustituirá en el cargo. Y de hijos asumiendo los cargos políticos hemos visto muchos a través de la historia. Lo que me chocó mucho fue la justificación del alcalde; que Dios se lo dijo.

Podrán imaginarse cuántas cosas pensé cuando leí eso. Me parece interesante que a estas alturas del siglo XXI, se siga utilizando el “Dios me dijo”, para conseguir el apoyo de las personas. Que a lo mejor sí se lo dijo; quién sabe. Pero no sé por qué; pero me parece que Dios no se mete en la política.

En un sistema democrático debe haber separación de iglesia y estado, pero la realidad es que muchos dirigentes utilizan el argumento para influenciar o buscar el apoyo de sus correligionarios. Y no tengo que decir que habrá quién, sin cuestionarse absolutamente nada, validará lo que dice el alcalde.

Me impresiona sobremanera que se utiliza el ‘mensaje divino’ para dejar en el puesto al hijo; como si se tratara de una dinastía. Los dirigentes deben entender que  en las democracias, los puestos no son hereditarios.

Al final veremos sí, como ha pasado en la historia, habrá quién lo haya creído. Como pinta la cosa en este país, estoy segura que más de uno lo creerá así.

domingo, 23 de septiembre de 2018

A 150 años del Grito de Lares, la reflexión es obligada



Hoy se conmemoran los 150 años del Grito de Lares. Me parece que es una excelente coyuntura para pensar profundamente y con seriedad dónde estamos como pueblo y como país. Mucho más importante, hacia dónde vamos.

No hay nada mejor que mirar la historia, pero con ojo crítico; no con fanatismo o visión miope. No resguardarse en cuentos de camino, ni desmereciendo lo que se hizo. Las actuaciones pasadas son el resultado de las situaciones y las circunstancias de ese momento histórico y hay que aceptarlas y aprender de ellas.

El 23 de septiembre de 1868, Puerto Rico declaró su independencia. Y, aunque fue por poco tiempo, debemos entender el porqué de eso. Fue una reacción a la situación que se vivía por la injusticia, el abuso, la corrupción, la tiranía y la ineficiencia gubernamental española, el desastre económico, los impuestos, el racismo, el hambre y muchas cosas más.

El pueblo comenzó a levantarse porque era lo justo; porque era necesario; porque querían dejar de ser colonia, querían dejar de que los pisaran y anhelaban convertirse en una nación, en un país soberano, como estaban haciendo los pueblos de toda la América. La libertad es el anhelo natural de todo ser humano.

Nosotros, desde que nos instituimos como sociedad en el siglo 16, hemos sido colonia; primero de España y después de los Estados Unidos de América. He allí el porqué el síndrome del colonizado está tan enraizado en nuestro ADN. Para muchos, gracias a Dios que no es para todos, el vivir bajo el dominio de otra nación es aceptable.

El adoctrinamiento es tanto, que prefieren vivir dominados. Lo más triste de todo es que la gran mayoría del pueblo cree ciegamente en los líderes que impulsan esto; aún cuando como resultado de la corrupción, los recursos llegan cada vez menos al pueblo. Pero como se vive de la emoción y del cuento, no les importa. Prefieren vivir engañados que enfrentar la cruda realidad.

Me parece interesante el argumento que algunos utilizan para pedir la anexión, que es la igualdad. ¡Pero si yo también la quiero!; pero no sólo con los ciudadanos estadounidenses, donde está cada vez más claro que allí la igualdad no existe, sino con los ciudadanos de todo el mundo.

Quiero vivir en un país soberano. Y basta ya de la respuesta infantil que muchos utilizan, que rápido mandan a uno a vivir a Cuba o a Venezuela. Esto sólo demuestra poco conocimiento y una pobre y limitada visión de mundo. Las gríngolas no les permiten apreciar la diversidad que existe y entender que, si queremos, podemos ser parte de la misma.

Debemos empezar a entender que estamos inmersos en un ambiente caribeño, luego latinoamericano y, al final, mundial. Que el mundo es amplio y que podríamos estar de tú a tú con las demás naciones; incluido EE. UU..

El no reconocerlo sólo demuestra el nivel de infantilismo político al que muchos son sometidos por los políticos. Tanto tiempo bajo este patrón parece que nos ha llevado a pensar que nada más es posible; que tendremos que vivir toda la vida sometidos a otra nación, a dejar que decidan por nosotros, a que seamos dependientes y a conformarnos con los que nos den.

Muchos dicen que nosotros sin los EE. UU. no somos nada. Que gracias a ellos es que nuestro país se ha desarrollado. Me parece que no se está viendo el cuadro completo y que no han mirado la historia. La primera parte del siglo pasado, ya estábamos bajo el dominio de los EE. UU. y, ¿qué teníamos? Muy poco.

Para muchos si somos independientes este país iría de mal en peor. Argumentan que la corrupción, la violencia, los abusos y todas esas cosas que tienen “las repúblicas” podrían afectarnos. Y por si acaso, los EE. UU. es una república, como muchísimas más.

Además, ¿no estamos mirando lo que está sucediendo en el país? ¿Es que todavía hay quien cree que esto está funcionando bien? El mal manejo de los recursos puede darse en cualquier sistema político.

Con la situación nuestra, más que claro ha quedado que la corrupción, el amiguismo, sacar ventaja y anteponer los intereses personales al bien común, no es único de los países independientes. Y es que esto no tiene que ver con el sistema, sino con las personas, su calidad humana y su compromiso con el país.

Como país, debemos enfocarnos en combatir la corrupción, resolver nuestros problemas, no permitirle a los políticos que sigan sacándole provecho al país y desarrollar un proyecto de país que realmente responda a nuestra realidad.

Y lo más importante, debemos educarnos. Educarnos en muchísimas áreas, incluida la política. Debemos aprender a pensar, a analizar las cosas, a poder compararlas y a llegar a conclusiones pensadas, no a repetir como el papagayo lo que otros dicen.

Debemos enfocarnos en trabajar por el bien común y no en sacar ventaja de todo. Que podemos caminar, aún cuando el gobierno no haga su trabajo. El huracán María nos dejó una gran lección; que es la sociedad civil, la comunidad, la que responde y la que tiene que tomar el control.

Clarísimo quedó que los dos gobiernos, el estatal y federal, fueron deficientes en su respuesta. Que si no llega a ser por la comunidad, por la diáspora y por las organizaciones y las compañías, esto hubiese sido mucho peor.

Este último año ha quedado más que demostrada la fuerza y la voluntad del pueblo. Quedó claro que podemos tomar el control de nuestro destino. Esa fuerza que tenemos y esa disposición, es lo que hará que la gesta realizada hace 150 años por esos grandes puertorriqueños, no sea en vano. Si no que, por el contrario, sea esperanza para aspirar a que Puerto Rico labre su propio destino porque si nos lo proponemos, podemos hacerlo.

sábado, 20 de febrero de 2016

De la campaña y de algunas otras cosas…

El ambiente en este país está tan cargado que por cualquier cosa brincamos. Ya lo he dicho antes, se está volviendo muy complicado. Todavía no puedo creer que por la campaña del #yonomequito se haya armado semejante jaleo y que tengamos casi una batalla campal por esto. 

Llevamos días en la pelea chiquita; con ataques, de un lado y del otro, con unos a favor y otros en contra. Nos hemos enfrascado en una discusión inútil, que no nos va a llevar a ningún lado; sólo a seguirnos desgastando como pueblo. 

Por eso esta trepadita. Juro que iba a dejarlo caer. Me mentalicé para hacerlo; pero la verdad es que tendré que decir algo. Y no por ir a favor de unos o en contra de otros; porque por ahí no van los tiros, sino porque me parece que aquí se ha perdido totalmente el foco. 

viernes, 16 de agosto de 2013

#AtodasconNatal#Queelpueblodecida

#AtodasconNatal#Queelpueblodecida fueron los “hashtags” que utilizó el Movimiento independiente en apoyo a la candidatura del Lcdo. Manuel Natal Albelo a la Cámara de Representantes para promover su candidatura. Al parecer su efecto tuvo porque fue seleccionado para llenar la vacante cameral dejada por el representante Eduardo Ferrer.

Antes de todo, tengo que aclarar que no conozco al licenciado Manuel Natal y que, como muchos, hasta hace poco fue que comencé a escuchar sobre él y su trayectoria. ¿Por qué entonces treparme a la sillita?. Porque me resulta la mar de interesante todo lo que se dio alrededor de esta votación. 

Además, más interesante me han estado par de titulares de la prensa nacional. “Un muchacho derrotó a la cúpula del PPD” y “Manuel Natal no quiere ser el chico sexy de la Legislatura”. ¿En serio?… ¿Por qué este tipo de titular?. ¿Lo "chiquiteamos" y no lo tomamos en serio?. No quiero pensar que sea eso.

viernes, 18 de enero de 2013

¿San Se qué; san se acabó?


Lo confieso, detesto el 'San Se'. Es que lo escucho y no me suena a fiesta de pueblo, me suena a “tan tan”, a “caput”, a relajo, a "san se acabó". Me imagino que es porque toda mi vida escuché hablar de las Fiestas de la Calle San Sebastián y de momento, se comieron la mitad de las palabras y dejaron el 'San Se'. Perdió como que toda la mística y para mí, ahora como que hablan de otra cosa.

Las personas, sobre todo los más jóvenes, no saben quién demonios, con el perdón de San Sebastián, fue él. Para muchos San Sebastián es el nombre de un pueblo, de la calle del Viejo San Juan y el de las fiestas. Pero no tienen idea de quién era, ahora mucho menos tendrán curiosidad de conocer y saber en honor a quién se celebran las fiestas. San Sebastián era romano y fue un mártir cristiano. Era capitán de la primera corte de la guardia pretoriana. Fue acusado ante el emperador por ser cristiano y, como se mantuvo firme en su creencia, fue sentenciado a morir asaeteado (aunque de esa se salvó, de la segunda -a latigazos- no). De ahí la imagen que perdura hasta ahora y que fue el centro de muchas obras de arte y de serigrafías y distintivos de las fiestas. Ahora sólo aparece el 'San Se'… ¿Será posible que el verdadero sentido y origen de las fiestas lo dejemos tirado en una cuneta del viejo San Juan? 

Me imagino que dirán que el 'San Se' es más corto, que es de más impacto, que si es más creativo, que si ahora todo es “minimalista”, tal o más cual; por lo que sea. Pero, por lo menos a mí, eso no me convence. Cada vez sabemos menos de las cosas y no conocemos el origen de las mismas. Y aquí el gran problema; si no buscamos y no aprendemos, no sabremos de dónde venimos, dónde estamos parados y hacia dónde vamos. Somos como goletas que nos movemos para donde nos lleve el viento.