Por si las moscas...

Los comentarios vertidos en estos escritos son de mi total responsabilidad. Comparto lo que pienso y siento, simplemente para que se pueda apreciar otro punto de vista sobre la cosas. Pueden o no estar de acuerdo con lo que expongo; conmigo no hay ningún problema porque cada quien tiene el derecho a pensar lo que mejor entienda. Los comentarios son bienvenidos. Espero que si alguien difiere, lo haga con respeto; no escribiendo chabacanerías o insultando. Este no es el lugar para eso. ;-)
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sábado, 18 de octubre de 2014

Con cabeza fría...


Toda la semana estuve arrastrando la sillita porque quería treparme, pero por una u otra cosa, no lo hice. Ayer, con lo del despido de toda la plantilla de noticias en Univisión Puerto Rico –que me solidarizo con los comunicadores que ahí laboraban porque a muchos los conozco- la planté y empecé a encaramarme porque quería decir muchas cosas. Pero de momento me acordé de algo que siempre aconsejo: ‘Piensa. Luego escribe con cabeza fría’, y a regañadientes me bajé. 

Ya con las aguas casi llegando a su nivel, pero pensando igual, comparto mi punto de vista sobre esta situación y muchas cosas más. Aquí ha habido mucho de todo y me parece importante poner esto en perspectiva. Como siempre digo, alguno no podría estar de acuerdo con lo que digo, pero no pasa nada porque cada quién está en su derecho de pensar lo que mejor entienda. 

lunes, 11 de noviembre de 2013

“Yo no hago relaciones públicas”



Tener que defender la profesión que uno practica, las relaciones públicas, ya se está convirtiendo en algo recurrente. No entiendo por qué ni cómo, pero cada vez tenemos más detractores y más personas que tienen una percepción errada sobre lo que somos y lo que hacemos. Lo triste del caso es que "lo que dicen es", nada tiene que ver con la realidad. Así que aquí seguimos, intentando aclarar algunas cosas para tratar de ponerlas en su justa perspectiva.

Cuando escucho la frase “Yo no hago relaciones públicas” de manera negativa o despectiva, sólo elevo la vista al cielo, alzo las manos y digo: “Señor, perdónalos porque no saben lo que dicen”.  Y es que hay que encomendárselos al Altísimo y pedir paciencia, tolerancia y humildad para poder lidiar con tanto desatino e ignorancia. Pero, sobre todo, hay que pedir templanza, tranquilidad y paz para que a uno no le hierva la sangre o le dé algo.

El escuchar la “frasesita” repetidamente ya cansa. Muchos comentaristas o periodistas en diversos medios de comunicación la utilizan para “asegurarnos” que no doran píldoras, ni sonsacan, ni sobornan buscando favores, ni maquillan las cosas o le alcahuetean a alguien; etc. Y la gente, que repite como el papagayo todo lo que escucha, sigue validando algo que está montado sobre premisas erróneas o falsas. 

lunes, 15 de abril de 2013

La historia, nuestros próceres y los feriados…


José de Diego. Imagen de la página de la
Cámara de Representantes de Puerto Rico
Siempre he pensado que una de las cosas más sagradas que tiene un país es su historia. En ella vemos cómo se fue marcando el camino y se fue logrando el desarrollo de una sociedad. La historia conjuga la cultura, el idioma, la educación, la religión, la política, los conflictos, los grandes hombres que le han servido; en fin, lo que se fue viviendo el día a día desde que se comenzó como sociedad, resultando en lo que es en la actualidad. Esto es lo que le da a un pueblo su razón de ser y lo encamina hacia el futuro.

Muchísimas naciones valoran su historia, sobre todas las cosas. Son orgullosos de lo que fueron y de lo que son. No dejan morir eso que los marcó como pueblo y los hizo crecer. Defienden a capa y espada su historia y su tradición. Mis respetos a esas sociedades.

Lamentablemente en Puerto Rico, por ignorancia, miedo, complejo y/o el síndrome del colonizado, entre unas cuántas más, esto no es así. La cultura, la historia, los grandes hombres y el idioma, entre otras más, son esas raíces fuertes que se supone aguantaran ese gran árbol que es nuestra idiosincrasia puertorriqueña. Un árbol que debería ser maravillosamente frondoso por todos esos haberes históricos que tenemos -y seguimos teniendo- pero que nos han ido podando poco a poco hasta resultar ser un bonsai. Lo peor de todo es que por servilismo, vagancia, comodidad o dejadez lo hemos permitido.