Por si las moscas...

Los comentarios vertidos en estos escritos son de mi total responsabilidad. Comparto lo que pienso y siento, simplemente para que se pueda apreciar otro punto de vista sobre la cosas. Pueden o no estar de acuerdo con lo que expongo; conmigo no hay ningún problema porque cada quien tiene el derecho a pensar lo que mejor entienda. Los comentarios son bienvenidos. Espero que si alguien difiere, lo haga con respeto; no escribiendo chabacanerías o insultando. Este no es el lugar para eso. ;-)
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jueves, 24 de marzo de 2016

La importancia de saber redactar y comunicar


Tengo un respeto inmenso por el idioma de Cervantes. Es mi lengua materna. Podría decirse que el español es uno muy rico, algo complicado, pero especial y maravilloso. Es el idioma que vivo, siento y respiro. Por eso, aunque no lo domino a la perfección, trato de utilizarlo de la manera más correcta posible.

Esto lo traigo ‘de fábrica’. En mi casa había muchos libros, enciclopedias y diccionarios y se usaban todo el tiempo. Claro, con un padre que era maestro de español y que era ante todo educador, no podía ser de otra manera. Cuidaba mucho el uso del español. Era impecable en su redacción, tenía una excelente dicción y hablaba con corrección. Así que con eso crecí. 

Y ya lo he dicho, no soy la más ducha en esto del idioma; pero constantemente recibo comentarios, historias, cuentos y hasta ejemplos de su mal uso y de redacciones mal hechas. Esta mañana recibí una que me dejó pensando por largo rato. 

martes, 7 de abril de 2015

Educación y estudios sociales

La escuela del maestro Rafael Cordero, pintura de Francisco Oller

Me trepo medio virá, y con razón. Es que me topé con una noticia publicada en la página digital de dos de los principales periódicos del país que me dejó medio convulsa: que quieren eliminar la clase de estudios sociales de ‘kínder’ al tercer grado del sistema público puertorriqueño para fusionarla con la materia de español.

Miré el calendario pero no, no volvimos al primero de abril y el ‘bendito’ April’s Fool’s menta’o. ¿Sería que como la semana pasada fue libre alguien se quedó con las ganas de hacer una de esas ‘bromas nefastas’ y sólo se le ocurrió ésta? Por que esto es lo que parece, una broma y bastante pesada. Pero no, resulta que esto responde a la Carta Circular de Organización Escolar 24-2014-2015 emitida por el secretario de Educación de Puerto Rico fechada el 27 de marzo de 2015.

Ahí quedé :O ¿No es el Departamento de Educación el que debe buscar que la sociedad sea una más educada? ¿No es su responsabilidad ofrecer las herramientas para que los niños crezcan con ciertos conocimientos? ¿No debe buscar desarrollar seres pensantes, que cuestionen, que conozcan, que comparen? ¿Por qué entonces eliminar lo importante? Peor aún, fusionarla con otra materia importante y de las dos, hacer una. No entiendo...

lunes, 15 de abril de 2013

La historia, nuestros próceres y los feriados…


José de Diego. Imagen de la página de la
Cámara de Representantes de Puerto Rico
Siempre he pensado que una de las cosas más sagradas que tiene un país es su historia. En ella vemos cómo se fue marcando el camino y se fue logrando el desarrollo de una sociedad. La historia conjuga la cultura, el idioma, la educación, la religión, la política, los conflictos, los grandes hombres que le han servido; en fin, lo que se fue viviendo el día a día desde que se comenzó como sociedad, resultando en lo que es en la actualidad. Esto es lo que le da a un pueblo su razón de ser y lo encamina hacia el futuro.

Muchísimas naciones valoran su historia, sobre todas las cosas. Son orgullosos de lo que fueron y de lo que son. No dejan morir eso que los marcó como pueblo y los hizo crecer. Defienden a capa y espada su historia y su tradición. Mis respetos a esas sociedades.

Lamentablemente en Puerto Rico, por ignorancia, miedo, complejo y/o el síndrome del colonizado, entre unas cuántas más, esto no es así. La cultura, la historia, los grandes hombres y el idioma, entre otras más, son esas raíces fuertes que se supone aguantaran ese gran árbol que es nuestra idiosincrasia puertorriqueña. Un árbol que debería ser maravillosamente frondoso por todos esos haberes históricos que tenemos -y seguimos teniendo- pero que nos han ido podando poco a poco hasta resultar ser un bonsai. Lo peor de todo es que por servilismo, vagancia, comodidad o dejadez lo hemos permitido.