Por si las moscas...

Los comentarios vertidos en estos escritos son de mi total responsabilidad. Comparto lo que pienso y siento, simplemente para que se pueda apreciar otro punto de vista sobre la cosas. Pueden o no estar de acuerdo con lo que expongo; conmigo no hay ningún problema porque cada quien tiene el derecho a pensar lo que mejor entienda. Los comentarios son bienvenidos. Espero que si alguien difiere, lo haga con respeto; no escribiendo chabacanerías o insultando. Este no es el lugar para eso. ;-)

martes, 25 de junio de 2013

Nuestro problema, no es el estatus

Todo lo que pasa en este país, según muchos, es por culpa del estatus. Pues lamento no concurrir con ese pensamiento porque nuestro principal problema, nada tiene que ver con eso. Es que como aquí la culpa es huérfana, todo lo que pasa se lo achacamos al estatus. Hemos encontrado en él el zafacón perfecto para depositarlo todo. Nos lavamos las manos y no encaramos las cosas. 

Y eso, en gran medida es debido a la excelente manipulación de las tribus de colores; que gracias a eso es que pueden controlarlo todo porque más que educar o informar, meten miedo. Con eso es que tienen a sus militantes dormidos; con eso los dominan. Pero esto no es exclusivo de un partido político; aquí todos tienen lo suyo. En la medida de su conveniencia, demonizan o santifican una posibilidad u otra; siempre tratando de sacar la mayor ventaja posible. 

Y no estoy tratando de restarle al tema o descartarlo. ¡Dios me libre!. Sé que esto es algo que tenemos que resolver. Lo que pasa es que les estamos dando un aire casi místico que creemos que es algo parecido al nirvana. Creemos que una vez esto se decida, todo va a cambiar por arte de magia. Que los pajaritos cantarán, Bambi correrá por el bosque y todo será como en las películas de Disney; pura felicidad, viviendo todos muy felices. Nada más lejos de la verdad.


Lo que pasa es que usamos el estatus como pantalla para no encarar nuestras propias realidades. De algo tenemos que agarrarnos. Es más fácil vivir del cuento y responsabilizar a otros u otras cosas de lo que nos pasa. Así no tendremos que mirar las cosas de frente, atajar las situaciones y resolver los problemas; es más fácil culpar, idealizar e inmortalizar; que hacer. 

Es que siempre hemos idealizado esto del estatus; cada quien desde su perspectiva. Como dicen por ahí, de la esperanza vive el cautivo y cada uno arrima la brasa a su sardina pensando que esto será una panacea. Todos confían que la cosa saldrá como cada uno quiere y que lo que se apoya es lo que prevalecerá. Y que conste, que no hay nadie más claro que yo sabiendo lo que es mejor para mi país. Lo que pasa es que no idealizo. Tampoco me ofusco pensando que esa será la solución a todos los problemas.

Mientras “descansemos” en el estatus, nada más importará. Siempre podremos echarle la culpa de lo que nos pasa. Pensamos que es lo único que vale; que es lo que nos puede salvar. Y podrá sonar como quieran, pero no es resolviendo el estatus que vamos a lograr las cosas. Sí, eso es una parte; pero no es lo principal. Lo principal somos nosotros, las personas. Ahí es que estriba nuestro problema; no es el sistema, somos nosotros. 

El estatus, sea cual sea, no es lo que nos va a ser más o menos, mejores o peores; sino lo que nosotros seamos y hagamos. Y aquí es que la puerca entorcha el rabo y la cosa se empieza a poner difícil. Lo digo porque como sociedad tenemos mucho que crecer y aprender.  

Antes de pensar en el estatus debemos hacer una retrospección y analizarnos como pueblo; como puertorriqueños. Debemos pensar en resolver todas la situaciones que tenemos; que son muchas. Es imperioso desarrollar un proyecto de país; uno de verdad, no uno de tribus o de colores. Uno que vaya enfocado en el bienestar de todos; no de unos pocos. 

Necesitamos educar sobre la importancia de la colaboración; sobre el valor del trabajo y de las cosas. Que trabajemos para conseguirlas y que seamos responsables con ellas. Tenemos que, desde pequeños, aprender a valorar lo verdaderamente importante; que es el ser, no el tener. Debemos comprometernos con la sociedad, con la comunidad y con la gente. 

Debemos aprender a respetar y a aceptar a los demás; tal cual son. Lo mismo con las instituciones, con los líderes y los funcionarios; y ellos hacer lo propio. Tenemos que dejar las niñerías y empezar a madurar. Es imperioso dejar a un lado la politiquería -algo un tanto difícil- y empezar a escoger mejor a nuestros líderes; a evaluarlos por sus propuestas, no por el partido que son. Debemos crecer políticamente hablando.

Necesitamos una sociedad donde las instituciones públicas restablezcan la credibilidad y la confianza de las personas. Donde trabajen por la gente y las consideraciones que se tomen sean las correctas, no las de conveniencia. Necesitamos trabajar por una sociedad más justa; más comprometida, más solidaria. Tenemos que empezar a buscarle solución a los problemas que nosotros mismos creamos; no a repartir responsabilidades sin asumir las nuestras.

Debemos fortalecer nuestro sistema de valores para poder vivir de una manera efectiva dentro del sistema que escojamos. Y digo esto porque el corrupto, corrupto será en cualquiera de los sistemas; el ambivalente, ambivalente será; el que quiera vivir del mantengo, del mantengo vivirá; el que quiera hacer daño, el daño lo hará; porque esto no tiene que ver con el estatus, tiene que ver con cada uno, con lo que somos. Esto es una opción y una decisión personal.

Porque lo que a nosotros nos hará mejores, no es el estatus que se escoja, será cómo hayamos avanzado como sociedad. Es logrando un cambio en cada uno de nosotros que vamos a conseguir un cambio social. El trabajar con lo antes expuesto es lo que nos llevará a escoger, de una manera sabia, lo que debe ser nuestra verdad; nuestra realidad. Sólo así es que esto tendrá sentido y podremos dar el paso que necesitamos. Porque para poder encarar la situación del estatus de una manera seria y responsable, tenemos que haber madurado y crecido como pueblo; algo que hasta este momento muy lejos de nuestra realidad está.

2 comentarios:

  1. Lo que pasa es que el marco de tus sueños lo da la ideología. Lo más grave es que no nos hemos decidido por nada. No puede haber inversión fuera de la norteamericana. Cuchín lo trató antes y no lo dejaron.

    Coincido contigo que es asunto de actitud y cambio en la manera de mirar la vida del boricua.

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    1. De acuerdo con lo de los sueños y la ideología; pero aquí la gente se sienta a esperar porque piensan que todo quedará resuelto por el estatus. Somos nosotros los que podemos hacer que esto mejore y lograr los cambios. Pero mientras sigamos en las mismas; lejos veo la solución...

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