La grandeza de las instituciones no está en ellas mismas, sino en el corazón de las personas que las dirigen y de las demás que son parte de ellas. Siempre he creído que lo que las dirige, en la dirección que sea, es lo que las personas sean, lo que lleven por dentro, lo que transmitan o lo que hagan.
Así que, al escuchar -y luego leer- la homilía del papa Francisco en su misa en La Habana, Cuba; no pude hacer otra cosa que agradecerle a Dios que tengamos a Francisco. Y es que él confirma mi hipótesis; son las personas, no las instituciones.
Y no estoy señalando la Iglesia Católica como institución. ¡Jamás! Sino que me hizo reflexionar sobre la importancia de su persona para hacerla crecer, para lograr unos cambios y para ser voz que muchos escuchan; tanto en la iglesia como en el mundo.


