| Foto tomada de internet: Caficultura, Viejo San Juan |
El trancazo es un “trago de bebida alcohólica”. Otra de sus acepciones es “golpe que se da con una tranca”. Y la tranca es un “palo grueso y fuerte”. La tranca se utilizaba para asegurar las puertas y ventanas. Pero también es “borrachera, embriaguez”. Así que si mezclamos la tranca con el trancazo podemos decir que es un soberano golpetazo de una bebida que nos damos. Así las cosas, lo mejor de la vida es un buen trancazo de café.
El café es el café, y lo demás “es parking”. Ese elixir africano, adoptado por los árabes y traído a estas tierras por los españoles, es lo que nos mantiene con vida. No hay nada mejor que oler y tomarse un café recién colado y con azúcar negra; eso es la gloria. A mí me han dicho como cuchumil veces que el café hace daño y que hay estudios que lo confirman. Bueno, pues también hay estudios que indican todo lo contrario.
En varias ocasiones me han dicho: “cero café”, o “café descafeinado” pero yo, nonines. ¿Dejar el café? ¡Ni loca! En mi vida, el café no es negociable. Y es que yo soy cafetera, de las malas, de las “hard core”, de las de cafetería de pueblo, de panadería, de chinchorro, de las que a cualquier hora puede tomarlo; inclusive puedo colar a media noche y luego acostarme a dormir tranquilita y feliz. ¡Bendito sea el café!