He estado rumiando esto por bastante tiempo. No quería treparme a la sillita a despotricar desde la emoción. Ya una vez escribí que así era que actuábamos y no quería caer en lo mismo. Así que me tomé mi tiempo para pensar y analizar. Como siempre digo, este es mi punto de vista, mi manera de ver la cosa y no tienen que estar de acuerdo con ella. Que cada quién llegue a sus conclusiones; éstas, son las mías.
Una de las cosas que más me impresiona, es que estemos tan sorprendidos y tan ofendidos con lo que está pasando en el país. Somos tan o más responsables que el gobierno -al que acusamos- porque hemos sido sus cómplices desde siempre. Lo más inaudito es que le echamos toda la culpa a ellos. Antes el malo era Fortuño, ahora es García Padilla. Al parecer, estos dos últimos sólo están pagando los platos rotos de lo que se estuvo haciendo por décadas. ¡Mira lo que nos hacen!, ¡Nos han fallado!, ¡Son más de lo mismo!, ¡Le faltaron a la palabra al pueblo!, ¡No sirven!.
Y encima, tan faltos de respeto como somos le ponemos todos los sobrenombres y adjetivos que queremos a los funcionarios y exfuncionarios de gobierno. Como si con eso hiciéramos las gran cosa. Lo único que demostramos es tener poca educación. Hay que tener muchísimo cuidado con las cosas que hacemos y decimos. ¿Libertad de expresión? ¡Por favor!, nos agarramos de eso para hacer todas las barbaridades que queremos. Aclamamos ese derecho pero, ¿y qué con el derecho de la dignidad y respeto que tiene la otra persona? Esto es una carretera de dos vías. Creemos que podemos hacer lo que nos da la gana “dis” que porque ellos se merecen eso y más. Y nosotros, ¿qué nos merecemos?.