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| Carátula del disco. Tomada de Internet para acompañar esta entrada. |
“Desde que nacimos, nuestra mancha de plátano salió del mismo racimo. Somos hermanos del mismo horizonte. Todos nos criamos en la falda del monte”. Así comienza la maravillosa canción ‘Hijos del cañaveral’, del álbum ‘Residente’ (René Pérez), que vio la luz el último día de marzo.
¿No es esto poesía? ¿No enamora esta letra? ¿No se le alborota a uno lo puertorriqueño? Confieso que me enamoré desde la primera nota. Y es que no hay nada como el sonido del cuatro puertorriqueño.
Lo vi en el muro de una amiga en una red social y tan pronto escuché la canción quedé enamorada. Para pelos. Es que con una letra maravillosa y una música espectacular, ‘Hijos del cañaveral’ es una joya. No tiene desperdicio. Es exquisita.
Residente no decepciona, por lo menos a mí. Algunos lo tildarán de muchas cosas para buscar quitarle méritos porque sus letras ponen el dedo en la llaga y eso, a muchos no les gusta. Es un crítico social.
Como él muy bien indica, “Creemos que los artistas son reflejo de todo lo que los rodea. Por tal razón es imposible ser artista sin expresarse en torno a las circunstancias sociales que lo rodean” (residente.com).
Habrá quien no lo siga, ni sea su fanático, o que no le guste; todos están en su derecho. Pero nadie puede negarle la genialidad. Eso es indiscutible. Letras como esta, así lo confirman.
