Por si las moscas...

Los comentarios vertidos en estos escritos son de mi total responsabilidad. Comparto lo que pienso y siento, simplemente para que se pueda apreciar otro punto de vista sobre la cosas. Pueden o no estar de acuerdo con lo que expongo; conmigo no hay ningún problema porque cada quien tiene el derecho a pensar lo que mejor entienda. Los comentarios son bienvenidos. Espero que si alguien difiere, lo haga con respeto; no escribiendo chabacanerías o insultando. Este no es el lugar para eso. ;-)

jueves, 30 de julio de 2015

¿Será mejor pedir perdón, que pedir permiso?


¿Será mejor pedir perdón, que pedir permiso? Para algunos, eso pareciera porque ese es su proceder. Hacen las cosas sabiendo que están mal hechas pero una vez ejecutadas, ¿qué puede pasar si ya nada se puede remediar? Esto lo vengo pensando desde que leí sobre el asesinato de Cecil, el emblemático león de Zimbabue.

Lo leí primero en un rotativo español. El mismo hacía referencia a una entrada publicada en el blog de una reconocidísima revista especializada en el tema. Presumo que el interés estaba porque se atribuía a un cazador español el haber hecho ‘semejante hazaña’. 

Claro, es que España es el país europeo líder en ‘trofeos de leones africanos’. Le siguen Alemania y Francia. Ahora se habla de una posible legislación para prohibir su entrada a la Unión Europea. Alrededor del 80% de éstos son el resultado de la caza enlatada; algo legal en algunos países africanos, incluido Sudáfrica. Y es que crían los felinos en granjas y cuando son mayores, los sueltan en un área restringida para que los ‘turistas cazadores’ los cacen. 


La caza enlatada ‘asegura’ el ‘premio’ más rápidamente y es más económica. Podría costar entre 20 mil y 30 mil euros por animal, las hembras son alrededor de 4.500 euros. Mientras que la caza abierta podría durar de dos a tres semanas, a un costo aproximado de entre 75 mil y 110 mil euros; según leí. 

Pero volvamos a Cecil. Se dice que el ‘flamante cazador’ pagó 55 mil euros por matarlo. Que lo sacaron del parque nacional de Hwange, engañándolo con un animal muerto como cebo para que dejara la reserva. Que el cazador lo hirió con un arco y una flecha. Que lo rastrearon por dos días y al dar con él, fue rematado con un rifle. El resultado: se llevó su cabeza. 

Desde el primer día para mí esto fue una atrocidad. Y es que el animal mata por supervivencia, por instinto, por la necesidad de alimentarse; no por gusto o por abuso. Eso lo hace el hombre; que mata por placer; por “deporte”, por el trofeo de la cabeza o la piel del animal. 

Pero la ‘gracia’ del cazador no pasó por debajo del radar. Resulta que el gran Cecil tenía un GPS porque era monitoreado. Era parte de investigaciones de la Universidad de Oxford. Además de ser la atracción principal del parque y uno de los símbolos de Zimbabue. 

Pero no es sólo la muerte del animal; son todas la repercusiones que esto trae. La casi inminente muerte de sus cachorros, porque cuando venga otro león a tomar el mando de la manada los va a eliminar. También el impacto económico en el parque; porque era una de las atracciones del mismo. Lo que representaba para el país. Entre otras cosas. Increíble.  

¿Será mejor pedir perdón que pedir permiso? Pareciera que eso pensaba el cazador; que resultó ser un estadounidense con un largo historial de ir matando animales por el mundo. Lo más increíble es que una vez lo identificaron, informó mediante comunicado que no era consciente de que había hecho algo ilegal, que todo había sido manejado por profesionales. Que vino a enterarse al final. ¿EN SERIO? 

Encima, tiene la cobardía de no asumir la responsabilidad de lo que hizo y señalar al equipo con el que hizo la cacería. ¿Será posible tanta podredumbre? Mucho más cuando ya fue convicto con un año en probatoria y una multa de unos míseros $2,938 en EE. UU. por matar un oso en una zona protegida, luego sacarlo del área a una permitida y después dar un falso testimonio sobre la muerte del oso. ¡Toda una joyita!

Presumo que pensaría que, en esta ocasión le pasaría lo mismo. Que recibiría una sanción y tendría que pagar alguna ínfima multa, pero que valdría la pena comparado con la satisfacción de haber cazado a tan espectacular ejemplar y quedarse con la ‘cabeza del león’ como trofeo. ¿Será mejor pedir perdón que pedir permiso? Ahora las autoridades estadounidenses lo andan buscando para interrogarlo y no aparece.

Una cosa que me ha tenido intrigada es cómo iba a llevar la cabeza del animal a los Estados Unidos. Y es que leí que hay una prohibición para entrar a los Estados Unidos ‘trofeos de caza’ desde Zimbabue. ¿Iba a hacerlo de forma ilegal? ¿Iba a decir que lo cazó en otro lugar? ¿Iba a tratar de pasarlo como otro tipo de mercancía o animal? Huummm Sólo son preguntas que rondan en mi cabeza…

Tengo que comentar algo que me ha resultado sumamente interesante. El presentador de  la cadena ABC de los EE. UU.,  Jimmy Kimmel, ha tocado el tema de Cecil en varias ocasiones.  Llamó mi atención que dijera que cuando se habló del asesinato del león y que pensaban que era una español, se sintió aliviado que, por una vez, no fuera un estadounidense. Para rumiarlo…

Pues al final resultó que sí, que se cumplió su temor. Ahora el ‘flamante cazador’ se ha convertido en una de las personas más detestadas a nivel internacional. Tuvo que cerrar su oficina y dicen que no se sabe dónde está. Su foto y toda su información, tanto profesional como personal, ha recorrido el mundo, gracias a los medios sociales. 

Y ahí tengo yo una disyuntiva. Sabemos que lo que hizo fue deplorable, mezquino y que merece que caiga sobre él todo el peso de la ley; pero, ¿por qué involucrar la información de la familia o dejarlo tan expuesto como se ha estado haciendo?. ¿Por qué las amenazas? Es que creo que una cosa es una cosa, y que otra cosa es otra cosa. De que tiene que pagar, tiene que pagar por lo que hizo, pero tenemos que tener mucho cuidado con las líneas que cruzamos.

Y toda esta situación me ha puesto a pensar. Esto de la cacería y matanza de animales se da todo el tiempo y es deplorable. Bastantes noticias se publican sobre ello. Lo que pasa es que el protagonista fue Cecil y llamó la atención internacional. Nada, que parece que el hombre necesita de estas cosas para demostrar, no sé qué. ¿Sentirse como Tarzán, el rey de la selva? Vino a mi mente el incidente del elefante y el monarca...

Me parece que esto es una gran lección para muchos. Tanto para la caza fortuita de animales salvajes como para aplicarlo en nuestra vida. De todas las experiencias se aprende, y esta no es la excepción. Debemos rumiarlo muy bien y aplicarlo a otras situaciones en nuestra vida.

Es importante que empecemos a pensar en las posibles repercusiones de las cosas antes de hacerlas. Que pongamos en una balanza lo que queremos hacer y lo que nos llena el ego versus lo que se puede, lo que no y lo que se debe hacer. Que pensemos bien antes de actuar, porque el resultado nos podría quitar el sueño. Entonces vuelvo y me pregunto, ¿será mejor pedir perdón que pedir permiso? ¿Será?…



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