“Cuando sea grande, quiero ser como…”; es una de las frases que usamos cuando somos pequeños y alguien nos impresiona o cuando ya siendo adultos, vemos en esa persona que admiramos un modelo a seguir. Son personas que nos marcan, son personas que nos motivan, son personas que nos inspiran. Esos modelos son los que necesitamos desesperadamente emular en nuestro país.
Pero cada vez más complicado lo tenemos porque como sociedad estamos perdiendo nuestros valores. Da pena ver en lo que nos estamos convirtiendo. Somos cada vez más egoístas, más individualistas, más egocentristas, más violentos y más irresponsables. Somos cada vez menos tolerantes, menos solidarios, menos compasivos, menos caritativos, menos considerados, menos humanos; en fin, vamos perdiendo el don de gente.
Los modelos que muchos miran son esos que confrontan, esos que bravuconean, esos que hacen trampas, esos que son corruptos, esos que le faltan el respeto a los demás, esos que gritan, esos que fanfarronean, esos que se creen guapetones de barrio, esos que critican, esos que se burlan, esos que hacen chanchullos, esos que buscan el lucro personal y no el bien común, esos que no aportan nada bueno a mejorar esta sociedad, esos que son pobres de espíritu. ¡Esos son los que muchos admiran!.