Siempre he pensado que la mejor palabra es la que no se dice; así que no quería opinar sobre la renuncia del papa Benedicto XVI y lo iba a dejar caer. El tema religioso siempre tiene carga, además de que es algo complicado; por lo que no me quería meter en aguas profundas. Esto más que todo porque a veces digo cosas que pueden caer mal. Pero como parece que no lo voy a poder dejar pasar; pues me encomiendo a Dios, a la Virgen y a todos los ángeles, arcángeles y serafines y me “zumbo” a decir lo que pienso. Ya saben; esta es mi opinión y espero que nadie se ofenda porque algunas cosas podrán no gustarle a algunas personas. Saben que la intención es simplemente dar mi punto de vista; nada más. Cada quién puede darle el valor que estime, que puede ser 0; yo, no tengo problema con eso.
La renuncia de Benedicto XVI me pareció una decisión sabia y muy valiente. Decidir pasar el bastón porque sabe que no puede con la responsabilidad por su edad, por su salud y por el cansancio es un gran acto de humildad y fortaleza. Entender que la responsabilidad y la carga son muy pesadas y echarse a un lado, cediendo el poder, es tener la sotana bien puesta. Si más líderes asumieran esa actitud, otras cosas estaríamos viviendo. Eso, hay que reconocérselo. Ni el mundo se termina, ni se desploma El Vaticano por la renuncia del Papa. Hasta ahí todo bien.