Por si las moscas...

Los comentarios vertidos en estos escritos son de mi total responsabilidad. Comparto lo que pienso y siento, simplemente para que se pueda apreciar otro punto de vista sobre la cosas. Pueden o no estar de acuerdo con lo que expongo; conmigo no hay ningún problema porque cada quien tiene el derecho a pensar lo que mejor entienda. Los comentarios son bienvenidos. Espero que si alguien difiere, lo haga con respeto; no escribiendo chabacanerías o insultando. Este no es el lugar para eso. ;-)

martes, 2 de julio de 2019

Hua Jai Sila, un lakorn como pocos



Entre las ‘novelas’ de este país y las otras, prefiero las tailandesas. Así que esta entrada va dedicada a un lakorn que me dejó enamorada. Hua Jai Sila resultó ser uno de esos ‘remakes’ que se lleva de frente, por mucho, la versión que le antecedió.

Terminó hace casi un mes, y me gustó sin entender un divino de lo que hablaban, pero recién vi los últimos tres episodios subtitulados al inglés. Y puede decir que me encantó. Es de los mejores finales que he visto en lakorn.

Desde el primer ‘trailer’ me capturó, al punto que veía las escenas que ponía el canal en YT el día que la transmitía, al otro día veía el episodio completo en ‘Raw’ y después lo volvía a ver cuando lo subtitulaban al inglés. Así de juqueá estaba.  

Y como siempre digo, un drama podrá tener la historia más brutal, pero si la pareja protagónica no transmite, no hay manera. Pues resulta que la hermosa parejita tiene una de las mejores químicas que he visto en mucho tiempo. ¡Son excelentes!.

Son pocas las parejas que transmiten lo que Tor Thanapob Leeratanakajorn y Ferny Nopjira Lerkkajornnamkul transmitieron. Desde la primera escena que los vi juntos, sabía que el lakorn resultaría siendo un éxito.

Tor y Ferny son muy buenos actores y las caracterizaciones de sus personajes fueron impecables. Es que no tenían que hablar. Tenían una conexión tal que con sólo gestos y reacciones uno con el otro lo decían todo. 

La química entre ambos, por los cielos. Cuando estaban juntos sacaba chispas. Y en las escenas románticas, mucho más. Se veían súper naturales y cómodos. Esa pareja me encanta. Sólo espero volverlos a ver en otro drama.

Habían anunciado que serían 28 episodios, pero terminaron siendo 27 de hora y media. El lakorn se transmitió lunes y martes, del 4 de marzo al 10 de junio, por la cadena One31 HD.

Tiene de todo, mucho drama y venganza, pero muchísimo más romance. Y de esto último hubo en vanes en los últimos episodios. En muchos de los dramas, la pareja está luchando hasta cinco minutos antes de que se termine y hacen un matarile y tan, tan todos felices. Y dejan a una con el WHAT?

En esta ocasión no, hubo tiempo para mostrar diferentes situaciones, la boda y luego el embarazo. Que me encantó que fuera Sila el que sintiera los síntomas del embarazo de Min.

Desde el inicio fue buena y el final, mucho mejor. Hay veces que uno espera un final brutal y termina diciendo, pues… Pero en este lakorn no fue así. Estuvo genial.

Al punto que cuando vi el ‘The End’, acabé con una sonrisa en los labios y dije: ¡Me encantó, me encantó, me encantó! Es de los poquitísimos dramas que deja a uno satisfecho de verdad.

Aquí la historia. Tor, personifica a Tor/Sila y Ferny a Mingta (Min). Tor y Min eran vecinos. Ambos eran hijos fuera de matrimonio y vivían con sus padres ricos y sus respectivas madrastras.

Se pasaban casi todo el tiempo juntos porque Sawit, el hermano de Tor, y Mingkwan (Kwan), la hermana de Min, los odiaban, los agredían, los despreciaban e insultaban todo el tiempo. La madrastra de Tor, Sitha, era el demonio en persona. Mató a la mamá de Tor y trató de matarlo a él.

Sila (Tor) es un hombre con muchísimo dinero y quiere vengar de Sitha, Sawit y Kwan. Mam, la tía de Tor es la amante de Pira, el cuñado de Sitha y quien es su benefactor. Él ama a Mam pero no deja a su esposa por evitarle problemas a Mam. 

Esto, complica más la cosa porque más adelante, cuando al esposa se entera que su esposo tiene otra, le hace la vida cuadritos a Mam y hasta la mandan a golpear. Todo, bajo el amparo y la dirección de la bruja de Sitha.

Sawit, aparte de mujeriego, es un maltratante de mujeres. Una de las chicas que trabaja en el bar de Sila queda embarazada de él. Le va a reclamar porque está con otra y él la golpea. Ella pierde el bebé y después su madre, que lo saca siempre de los problemas, la hostiga en el hospital y hace que ella acabe suicidándose.

En ese proceso de estar llevando la chica al hospital, Tor se encuentra con Min que está llevando a su papá que se había herido la cabeza.  Chocan de la primera y la cosa no pinta bien. Pero ella le dice que se le parece a alguien y por comportamientos de él y porque ve el anillo de su madre que él lleva en una cadena, lo llama Tor.  Él se sorprende cuando sabe que es Min.

Luego empieza a rondar la casa de ella y de su madrastra. Decide vengarse y empieza su plan. Su tía Mam no quiere, pero no puede detenerlo porque está decidido.

Min trata de todas las maneras posibles de que él acepte que es Tor, pero él la trata mal para que ella lo deje. Kwan estuvo estudiando fuera y regresa a Tailandia. Sila hace todo lo posible con acercarse a ella para enamorarla y poder vengarse. Min trata de impedirlo.

Kwan, por el dinero, el poder y por lo guapísimo que es, termina interesada en Sila. Él la corteja. Como Min trata de evitar que estén juntos, Kwan la trata aún peor de lo que siempre hizo y hasta la golpea. Todo el tiempo Tor está, tras bastidores, tratando de proteger a Min.

Llega un momento que Min se cansa de los desplantes de él y del maltrato de su hermana y dice que Tor está muerto y que lo odia a él, a Sila. Él se sorprende y se da cuenta que fue demasiado lejos con Min.

Entonces trata de acercarse a Min de todas las maneras posibles. Ella lo ignora. Él la llama, la persigue y la acorrala en el estacionamiento del centro comercial. Allí él le pregunta si está enamorada de Tor y ella no contesta. Él le dice que espere un poco.

Ella grita y llegan unos policías y lo arrestan. Acaban dejándolo en libertad porque ella no quiso presentar cargos. Él se dio cuenta que ella seguía enamorada de él, como él siempre lo estuvo de ella. 

Entonces él usa todos los trucos posibles para acercarse a ella. Como Min es arquitecta, él contrata la compañía de ella para que hagan unos arreglos en uno de los hoteles de él.

Cuando ella llega y se da cuenta que es de Sila dice que no hará el trabajo. Quiere irse, pero él trata de retenerla de todas las maneras posibles. Kwan llega al hotel y los ve. Se lleva Min a un muelle, discuten y la arroja al mar. Sila la salva.

Kwan trata de congraciarse con Sila, pero él está pendiente de Min. Kwan llega al cuarto de él y trata de besarlo y de intimar con él, pero Tor la deja y se va a otro cuarto; pero antes, pasa la noche cuidando a Min. 

Min va por la mañana al cuarto de Sila porque entre sueños escuchó que él le confesó que era Tor pero se encuentra a Kwan, quién el hace creer que estuvieron juntos.

Min, desilucionada, se regresa a la capital y Tor la sigue. Cuando Kwan pregunta en el hotel, le indican que él se fue. No puede aguantar el coraje y también regresa.

Busca a Sila, lo reta y le cuestiona si está interesado en su hermana. Él, que sabe lo que podría pasar a Min le dice que no. Ella empieza a hostigarlo y terminan teniendo relaciones. 

Al otro día, Sila la rechaza, le dice que es Tor y que se estaba vengando de ella. Le enseña la cicatriz que tiene en el pecho. Kwan no puede creerlo, grita y lo golpea; pero él se ríe de ella y se va.

Sawit está endeudado en el casino de Sila. Y le pasan los pagarés. Está desesperado. Sila les quita todo. Pero Sitha, que quiere matar a Sila, hace volar el club nocturno. Sila está gravemente herido.

Min, que ya Mam sabía que Tor estaba enamorado de ella, le dice que vaya a la casa de ella a remodelarla. Ella entiende el mensaje y va con Tor. Mientras ella está cuidando a Tor, Mam y Sitha se enfrentan y Sitha la mata.

Mam había grabado la conversación y envió el audio. Min se queda con Tor y lo cuida. El esposo de Sitha, que es el papá de Tor, descubrió que Sila era Tor y denunció a Sitha.

Tor, ya más recuperado, toma las pruebas y consigue otras para que no suelten a Sitha. Kwan se entera que Tor está vivo. Le reclama a Min y cuando la tiene agarrada por el cuello, llega Tor a defender a Min.

Discuten y cuando Tor y Min se van a ir, Kwan no la deja irse. El papá de ambas intercede y le dice que el papá de Sila pidió a Min en matrimonio y él aceptó. Min se va con Sila y Kwan, del coraje, va a la cárcel y le cuenta a Sitha que Sila es Tor.

Sitha, logra salir de la cárcel y busca matar a Tor y a su esposo, al que deja en estado comatoso. Con la ayuda de Kwan logran tomar a Min de rehén para que Tor apareciera ante ella. Pero Tor se lleva a Sawit y trata de intercambiarlos.

En el intercambio de golpes, persecuciones y disparos, Sitha sin querer mata a su hijo Sawit y se enfurece más. Tor hiere a Sitha, pero ella mal hiere a Min y se escapa. De hecho, tiene una gran dosis de violencia, pero lo bueno compensa.

A Min la operan y supera la crisis. A partir de ahí mostraron cómo se fue desarrollando la relación entre ellos dos, la boda y luego el embarazo. Todo muy bien presentado. El final estuvo muy bien.

Como ya dijera antes me encanta esa pareja. Así que no pierdo las esperanzas de volverlos a ver muy pronto protagonizando juntos. En lo que eso pasa, pues no me quedará de otra que volver a ver este excelente lakorn. Recomendado con los ojos cerrados.

Y prefiero esta novela tailandesa a la que estamos viviendo estos días en Puerto Rico. Por lo menos en 'Hua Jai Sila' hubo un final feliz. En la de aquí, no sé cómo terminará.



lunes, 1 de julio de 2019

UPR, baluarte de nuestra cultura puertorriqueña


El Velorio, Francisco Oller


Estudié en una institución universitaria privada por elección. La historia la he contado en varias ocasiones. Sin embargo, reconozco -no tengo porqué no hacerlo- lo invaluable que es la UPR como primer centro docente y cultural del país.

Y no estoy hablando solamente del académico; sino de su sólida trayectoria por mantener nuestra cultura e idiosincrasia, aún cuando hay quiénes, con algunos complejos y problemas de autoestima, quieran destruir su patrimonio buscando borrar lo que somos. Puertorriqueños somos; la UPR también.

Estoy en el listado de correo electrónico del Museo de Historia, Antropología y Arte (Museo UPRRP). Así que cuando hace par de semanas recibí una promoción de una serie de talleres para mayores de 55 -No digan nada-, me interesó.

Pues manejándome en el sistema de Sagrado, no me apuré porque acá lo hago todo por Internet y hasta he tomado talleres y cursos en línea. Cuando me enteré que tenía que hacer la matrícula personalmente en el museo, allí fui a parar.

Pero, cuando llegué, recién habían cubierto el último espacio del primer ciclo que era un taller sobre escritura creativa que me interesaba mucho. ¡Yo quería! Ya no podía hacer nada pero como estaba ahí, decidí quedarme en el museo, aunque era cerca de la hora de cierre.


Me fui a la sala donde está la exhibición de obras de Francisco Oller. Estuve un buen rato embelesada observando ‘El Velorio’. ¡Qué maravillosa obra! Además de los famosos paisajes, estuve embelesada con los retratos de Ramón Baldorioty de Castro y Eugenio María de Hostos.

El de Baldorioty de Castro con una cita suya: “…yo odio el sistema colonial porque ese sistema es la muerte del espíritu, es la degradación del hombre por el hombre”. Ponce 1871. Hostos, inspirador.

El verlos, fue ponerme a pensar en el gran amor que le tuvieron a Puerto Rico. Su lucha por la libertad y el deseo de tener un mejor país. Amar la patria fue su ruta no sólo con la palabra, sino con la obra.

Salí de allí más que satisfecha y convencida de que nuestros próceres dieron los pasos correctos. ¡Qué mucho tienen que aprender los políticos de hoy!

Entonces fui a ver el enterramiento indígena que está justamente frente a la oficina del museo. Fue un descubrimiento de don Ricardo Alegría, en el 1947, en la finca La Monserrate, donde está hoy el balneario de Luquillo.

Se encontraron en un montículo funerario, o promontorio, que albergaba múltiples enterramientos. Hay tres osamentas; un hombre una mujer y un niño y junto a ellas restos de caracoles, jueyes y aves, vasijas y platos de arcilla, hachas y bolas de piedras, entre otras cosas.

Allí mismo, al lado, hay una serie de artefactos funerarios egipcios, muchos de ellos donados por la Universidad de Harvard.

Hay un sarcófago con la explicación de todo el proceso funerario. También hay tres momias. Una humana sin vendas, otra humana con vendas y una de un gato, con vendas. 

Se pueden observar también cuatro vasos cánopes, de entre el 1567 al 1320 a. C., encontrados en Saqqara, Egipto. Allí se guardaban las vísceras para luego proceder con el proceso de momificación de los cuerpos.

También hay expuestos varios amuletos, dos de escarabajos y uno de gato, dos estelas funerarias, una copia en yeso y otra original. Hay dos ‘Ushabti’; que son pequeñas estatuas funerarias que se depositaban en la tumba del difunto.

Más adelante hay un petroglifo taíno, del 1100 al 1500 d. C.. Este petroglifo es frecuente en bateyes o plazas ceremoniales, cuevas, amuletos, máscaras, etc. A su lado, la representación de un manatí.

Cerca, también hay una prensa manual que data entre el 1822 y el 1835. En ella se comenzó a publicación de Puerto Rico Ilustrado en el 1910 y las primeras tiradas del periódico El Mundo en el 1919. Hasta 1984 estuvo en exhibición en la redacción de El Mundo.

También hay una tarja conmemorando centenario de la bandera puertorriqueña (1895-1995) que lee:
Adoptada por la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano el 22 de diciembre de 1895, Salón principal ‘Chimney Corner Hall’, Casa 57 Oeste, Calle 25 esquina Sexta Avenida, N.Y. Juan de M. Terreforte presentó la nueva bandera similar a la cubana, con los colores invertidos: franjas blancas y triángulo azul en vez de rojo, con la misma estrella blanca solitaria en el centro. Fue acogida como estandarte de nuestro movimiento patriótico de liberación.

Esto es sólo una minúscula parte del caudal que tiene el museo.

El Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad del Puerto Rico, Recinto de Río Piedras fue creado, por ley, en el 1951 para ‘reunir, mantener y conservar, con el propósito de divulgación cultural, todo aquello que constituya parte de nuestro tesoro histórico, antropológico y artístico. ¡Y bien que sí!

Tiene colecciones de historia, filatelia y numismática, arqueología indígena, arqueología histórica, pintura, dibujo y escultura, grabado, arte popular y una colección egipcia. Además de las exhibiciones temporeras que se realizan a través del año.

Una de las colecciones, la de historia, cuenta con documentos de próceres de la talla de Segundo Ruiz Belvis, José Julián Acosta, Alejandro Tapia y Rivera, Luis Muñoz Rivera, José de Diego, Ramón Emeterio Betances y, muchísimas más, de Eugenio María de Hostos.

El museo cuenta con biblioteca de referencia, centro de documentación de arte puertorriqueño y una videoteca. Se realizan visitas guiadas de domingo a viernes. Hay que hacer reservación.

El horario es de 9:00 a. m. a 4:30 p. m., los lunes, martes, jueves y viernes; de 9:00 a. m. a 8:30 p. m. los miércoles y de 11:30 a. m. a 4:30 p. m., los domingos. Está cerrado los sábados, días feriados y cuando hay receso administrativo en la UPRRP.

Ya saliendo del museo pensé que no hay casualidades. Tuve que llegar a la UPR y como ya estaba allí, pues decidí quedarme a echarle un ‘vistazo’ al museo. Salí más que clara de lo que soy.



Eso sí, quiero volver con mucho más tiempo para disfrutarme toda la riqueza cultural que ofrece. Y naturalmente que regresaré al área visitada porque todavía tengo mucho que observar y aprender. Es lo menos que puede hacer una arqueóloga frustrada como yo. Je, je

Confieso que hace mucho que no visitaba el museo. El redescubrirlo fue darme cuenta del inigualable caudal cultural que posee y de su valor para nuestra patria puertorriqueña. Y entonces me puse a pensar en el papel que juega la UPR.

La UPR es baluarte y pieza fundamental en la conservación de nuestra cultura puertorriqueña. Es símbolo de resistencia. Es autenticidad y verdad. Es punta de lanza de nuestra idiosincrasia. He ahí por qué el ensañamiento con ella. Por qué querer minarla.

No podemos permitir que destruyan nuestro patrimonio. No podemos permitir que lo lleven a menos con el único propósito de socavar nuestra autenticidad puertorriqueña.

Si queremos defender nuestra cultura, tenemos que apoyar la UPR y proyectos como el del Museo de Historia, Antropología y Arte en Río Piedras. Así es que se hace patria. Porque un pueblo sin cultura, es uno sin identidad y se reduce a nada.


viernes, 28 de junio de 2019

Esos trabajos de la universidad


Héctor Campos Parsi, Jack Delano y Amaury Veray

Hace poco más de un año hice una de esas ‘limpiezas’ donde se bota hasta lo que no se debe botar. Tenía guardadas cosas de cuando estudiaba en Sagrado y para echarlas al zafacón tuve que cerrar los ojos. Pero hubo una que otra cosa que no pude disponer de ellas.

Una de esas fue un trabajo que hice en la maestría. No sé si este era un borrador o fue el trabajo final porque no está identificado. Ahora mismo no recuerdo de qué clase era. Si mal no estoy, lo hice con Carmen Gloria y creo que sacamos A. 

Fue uno de esos trabajos que nunca pude botar por lo mucho que aprendí pero, más que todo, por lo que me lo disfruté. 

El trabajo era sobre la música puertorriqueña con elementos folclóricos. Nos enfocamos en los tres máximos exponentes de un movimiento que nació en los ’50 y se extendió hasta el ’70: Jack Delano, Amaury Veray y Héctor Campos Parsi.

Estuvimos medio día en casa de don Jack escuchando música y sus anécdotas y viendo sus trabajos. En fin, por poco no salimos de ahí de lo fascinadas que estábamos con todo. Hasta me dio algunas grabaciones de piezas que había compuesto y que tenían elementos folclóricos.

Conocía a don Jack porque habíamos formado parte del comité organizador de la Feria de las Comunicaciones que se celebró en Sagrado en el 1990. Cuando me comuniqué con él y le conté de qué se trataba el trabajo, inmediatamente dijo que sí.

Lo mismo pasó con Héctor Campos Parsi, al que conocía gracias a Areyto, ballet folclórico nacional de Puerto Rico. Ambos colaborábamos con el grupo en el festival internacional de folclore que celebraron anualmente durante muchos años.

Me fui a su casa en el Valle del Turabo. Esa mañana había neblina y nos paramos en la puerta a ver el paisaje mientras me hablaba de su obra ‘Yerba Bruja’. Maravilloso. También me dio unos casettes con su música.

De la música, no me pregunten. En el recogido no la encontré. Así que creo que se la presté a alguien para que la escuchara. Todo lo presto o lo regalo. La música estoy segura que no la iba a regalar porque era algo demasiado especial y tenía algunas piezas inéditas o eran sus grabaciones.

Al que no entrevistamos fue a Amaury Veray. Si mal no recuerdo, estaba enfermo. Pero conseguimos mucha información y pudimos hacer el trabajo.

Era un guión y sólo pudimos incluir una mínima cantidad de información. Mientras investigaba me di cuenta de lo prolífero de su obra y la gran aportación que habían hecho cada uno de ellos.

Lo quiero compartir íntegro, porque ahora que lo veo digo: WOW! Que mucha de nuestra riqueza cultural tenemos, pero ese desapego a lo nuestro y a reverencia a lo de afuera, no es otra cosa que pobreza cultural. Nada, este es el texto:

La música es el alma de los pueblos. Es ritmo que marca nuestra trayectoria. Ser puertorriqueño es mucho más que un concepto, es personalidad forjada en tiempo; es música.
Durante el siglo XIX surge la danza como expresión culta de la música puertorriqueña. En los salones se cultiva, a través del lenguaje del abanico, el cortejo entre los jóvenes. Juan Morel Campos y Manuel G. Tavárez, máximos exponentes del género de la danza, incluyen en sus obras, además, óperas, zarzuelas, piezas orquestales cortas y música religiosa.
La invasión norteamericana en 1898 trajo, como resultado del choque cultural, una serie de conflictos que mermaron el desarrollo de las artes.
Para los años ’50 surge un movimiento nacionalista conocido como ‘misionero’, que se extiende hasta los ’70. Este periodo se caracteriza por su intensidad creadora. Tres grandes figuras de este movimiento son Jack Delano, Amaury Veray y Héctor Campos Parsi. Estos compositores se destacan como figuras instrumentales en la creación de una música nacional.
Jack Delano, artista de origen ucraniano, enamorado del folclore y de nuestra gente, se estableció en la isla en 1946. Producía cintas documentales y componía sus partituras inspiradas en el diario vivir. Ha compuesto música para ballets, obras vocales, música de cámara, piezas orquestales, piezas corales y música incidental. Todas sus composiciones contienen material folclórico. Entre estos se destaca ‘La Cucarachita Martina’, donde incluyó güiro y cuatro y ‘La Bruja de Loíza”, basado en un cuento folclórico recopilado por don Ricardo Alegría. Se destaca, además, ‘La Reina Tembandumba’, inspirado en uno de los personajes de un poema negroide de Luis Palés Matos.
Amaury Veray expone a través de su obra el folclore como elemento principal de inspiración. En la Suite para piano ‘En casa E’ Tatá’ y en las canciones infantiles ‘Arroz con leche’ y ‘A la limón’, se puede apreciar sutilmente lo folclórico. De origen yaucano, enfatiza los ritmos sureños como la plena. El ballet ‘Cuando las mujeres’ se basa en una forma popular de ese baile.
El más prolífero e internacional es Héctor Campos Parsi, que interpretó su primera obra a los 12 años.
Al igual que los anteriores utiliza en sus composiciones elementos nativos. La ‘Sonata para piano’ combina elementos rítmicos tomados del folclore afroantillano como nuevas técnicas composicionales. La mayor parte de su producción durante los ’50 está dedicada a la creación de una música puertorriqueña porque, según él, tenía un compromiso moral con darle al País una música nacional. En su obra ‘Yerba bruja’ trata de describir rítmica y melódicamente el areyto de los taínos puertorriqueños como lo describen las crónicas de esa época. ‘Divertimiento del sur’, ‘Majestad Negra’, ‘Urayoán’, ‘Tres poemas de Corretjer’, ‘Oda a Cabo Rojo’ y ‘Tres canciones isabelinas’, son sólo un ejemplo de este caudal folclórico que imparte Campos Parsi a sus composiciones.
La producción de esta música clásica (debió leer ‘de cámara’) contemporánea con elementos folclóricos ha mermado, pero ese rico caudal permanece en el subconsciente de nuestro pueblo.
Emilio S. Belaval, conocido intelectual puertorriqueño, manifiesta la necesidad de rescatar esta música de nuestro subconsciente con la siguiente afirmación: “…Hacia eso debe ir nuestra música, si aspira a ser lo que ha sido siempre, molde de un pueblo y cucurucho de su alma musical”.

Ese documento es lo único que me queda. Ya veo que tiene varios errores. Ahora vuelvo a cuestionarme si era el documento final. No tengo las fuentes que usé, tampoco los apuntes de las conversaciones con los dos compositores. Ahí debió haber muchísima más información importante.

Don Jack Delano y don Héctor Campos Parsi fueron dos figuras importantísimas con un legado impresionante. Para mí fue un privilegio inmenso poder contar con su colaboración para ese trabajo de clase.

Pero bueno, lo que quería era compartirlo porque creo que es importante no dejar en el olvido cosas como esta. Porque no podemos permitir que sigan tratando de aniquilar nuestra cultura. ¡JAMÁS!.





* Las imágenes se tomaron de Internet sólo con el propósito de acompañar esta entrada.